UNA CANCIÓN APAGADA
Korakrit Arunanondchai. Canciones para morir.
Artista: Korakrit Arunanondchai
Comisario: Rafa Barber Cortell
La Casa Encendida
Ronda de Valencia, 2
28012 Madrid
20 de octubre de 2022 – 8 de enero de 2023
“Canciones para morir” es una videoinstalación del artista tailandés Korakrit Arunanondchai, de 37
años, que trabaja entre Bangkok y Nueva York. Es un artista multimedia que examina a través de
perspectiva antropológica el comportamiento humano en comunidad, su historia, filosofía y mitos.
Esta es la cuarta y última exposición del ciclo anual que se hace en la Casa Encendida en la Sala
A. El de este año se titula Fantástico interior, tomando el título de una antología de relatos de Pilar
Pedraza sobre vivencias en interiores, y está comisariado por Rafa Barber Cortell. En Fantástico
interior se desarrolla un recorrido desde la infancia hasta la muerte.
El ciclo parte de la idea de cómo la pandemia y la cuarentena nos han obligado a pensar el espacio
interior de otra manera, porque durante mucho tiempo el interior fue el único espacio que pudimos
habitar. La idea de interior se entiende aquí no como un espacio sino como ese lugar en el que
tradicionalmente la modernidad nos enseñó a poner en práctica ciertas emociones. Emociones
como la vulnerabilidad, lo delicado, lo frágil, se vivían en la intimidad y esa intimidad solo se podía
practicar en este lugar interior.
“Canciones para morir” es la escena final y el último espacio interior en el que se explora el
concepto de muerte. Cuando accedemos nos encontramos en una sala oscura, el suelo cruje
bajo nuestros pies debido al material terroso que lo cubre, frente a la pantalla tres bancos y al
fondo enormes almohadones que invitan a tumbarse.
La narrativa de “Canciones para morir” trata sobre la separación entre la mente y el cuerpo,
representadas como el cielo y la tierra a través de una serie de canciones. Se inspiró en el momento
de la muerte de su abuelo durante el COVID. Korakrit canta a su abuelo su canción preferida en su
lecho de muerte, una melodía que escucharía hasta el final puesto que el sentido del oído es el
último que se pierde. El objetivo de los almohadones en la instalación del artista tailandés es que
el visitante se tumbe en ellos y, acompañado de la voz del artista, imagine un simulacro de su propia
muerte. Sin embargo, su colocación al fondo de la sala dificulta la posibilidad de tumbarse y
simultáneamente ver el vídeo, una decisión que parece haber sido tomada por el comisario.
La canción cantada por el artista se entremezcla con cantos rituales funerarios budistas que guían al
difunto hacia su próxima vida y canciones populares. “Canciones para morir” habla de los cantos y las
canciones como métodos para la decreación, para la separación entre el cuerpo que queda y la mente
o el espíritu. Son estas canciones, capaces de conectar mundos y acompañar los procesos de
desmaterialización de lo humano, las que estructuran la narrativa de todo el video, convirtiéndose en
cantos que invocan la espiritualidad de la era contemporánea. El vídeo se estructura como un
collage de vídeos que te llevan a espacios muy diferentes: la Masacre de Jeju en Corea del Sur
en 1948, protestas en Tailandia pro–democracia actuales, imágenes de Korakrit con su abuelo y
diferentes narrativas que se presentan como oníricas en espacios que Korakrit ha construido.
Una tortuga, que encarna el espíritu del abuelo del artista, narra el relato junto a la voz del artista.
Lo que se hace aquí es asomarse a formas de ver el mundo en las que la relación con la muerte
tiene un marcado carácter personal e inmediato y está estrechamente enlazada a la vida. Nos
está hablando de espacio situado entre lo material y lo espiritual, entre el aquí y el más allá, y
en las formas en las que se narra este espacio. También se está hablando de la muerte como
descomposición, como proceso, una forma de existir en el mundo que nos conecta con los
animales y las plantas. Un proceso del que nos sentimos parte mientras estamos sentados
observando el vídeo, con los pies hundidos en el suelo de tierra.
Este collage visual de diferentes eventos de muerte en diferentes lugares están conectados
entre sí por una figura en común y es la figura del fantasma. El fantasma en esta obra representa
ese estado de conexión entre la vida y la muerte. Esta figura del fantasma bebe de la espiritualidad
en Asia y de las religiones animistas y es una alegoría de lo que no se puede contar, de las historias
traumáticas o ocultas. Profundiza en el trato que los organismos políticos oficiales dan a los actos
traumáticos y violentos, además de observar la forma en la que el legado de esas víctimas queda
suprimido o apartado de la sociedad. Lo importante no es si el fantasma existe o no, sino las
historias y las narraciones que se cuentan a través de su figura, que habita los diversos lugares y
tiempos por los que transita “Canciones para morir”. Todas las historias de muerte del pasado que
llegan hasta nosotros y conectan con nuestras historias de muerte. Es interesante cómo reivindica
o utiliza el contar cuentos o la ficción la narrativa como algo sagrado para abordar cuestiones
transcendentales. Como aquí intenta expresar toda la potencialidad transformativa que tiene la
narración, el storytelling, para construir nuestra aproximación a la realidad.
Fig. 1. Fotografía del interior de la videoinstalación desde la posición de los almohadones. Autor: Galerna. 2022.
“Canciones para morir” tiene una videoinstalación hermana que funciona como doble o
contraposición que se llama “Canciones para vivir”, que se estructura más como un videoclip.
En otras exposiciones, como la de Zurich si se presentaron juntas y creo que es necesario para
entender su obra. Se reproduce en una sala en un ambiente azul en el cual tú te tumbas en unas
almohadas gigantes y es como estar flotando en este vacío. En contraposición con el espacio
oscuro y vinculado a la tierra de “Canciones para morir”. Me resulta problemática la decisión de
presentar solo esta instalación sin su hermana “Canciones para vivir”. Al no traerla al ciclo se
podría plantear que se está occidentalizando la visión de la muerte de Korakrit, en la que la
reencarnación tiene una importancia clave. Sin embargo, con esta presentación individual
encontramos la muerte como un final definitivo, una canción que ha sido apagada.
Clara Gil Fuentes.
Bien. Correcta. Sin demasiado mordiente.
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