Through Dry Ocean Forests: La exploración espacial y material de Claudia Comte
Galería Albarrán Bourdais
Calle del Barquillo, nº13
Formas orgánicas de la naturaleza, fascinación por la cuestión espacial y énfasis en la materialidad de la obra. Este es el sello de identidad de la artista suiza Claudia Comte, que llega a la sede madrileña de la galería Albarrán Bourdais con la muestra Through Dry Ocean Forests.
Comte cuenta con una trayectoria significativa a sus espaldas. La artista suiza, especialmente conocida por sus instalaciones site-specific de gran formato, ha expuesto en lugares tan insólitos como el desierto de Alula, ubicado en Arabia Saudí, o las profundidades submarinas de Port Antonio, en Jamaica. Con el paisaje y las formas de la naturaleza como motivos principales de inspiración, Comte trabaja de forma interdisciplinar, pero con una especial predilección por la escultura.
La galería franco-española – fundada por Christian Bourdais y Eva Albarrán – ha proporcionado a la artista el espacio idóneo para una muestra que, lejos de limitarse a la exhibición escultórica, propone, en realidad, un estudio acerca de la materialidad de la práctica artística y de las inabarcables posibilidades de diálogo entre obra y espacio expositivo.
La cuestión espacial, sin embargo, no cobra relevancia únicamente en el montaje de la muestra de Comte. Se trata de un aspecto que, desde el traslado de la galería a esta localización, fue prioritario. Hace apenas cinco meses – desde septiembre de 2022 – que los fundadores de la galería Albarrán Bourdais vieron, en el número 13 de la Calle del Barquillo, un entorno con potencial expositivo, pese a que, en un pasado no muy lejano, la función de este emplazamiento distase por completo de la exhibición artística. Anteriormente, las estancias ahora destinadas a albergar la producción de nombres destacados del panorama artístico contemporáneo (Alberto García Alix, Felici Varini, Olivier Mosset) fueron la fábrica de la casa de moda Loewe. Desde la galería, se abogó por respetar al máximo esa estructura original, logrando que los rastros de la funcionalidad pasada se conviertan en elementos distintivos que se alzan como la seña de identidad de la galería, tales como las considerables dimensiones del emplazamiento, la división en tres espacios diferenciados a través de la distribución por plantas o las paredes vista que conservan los ladrillos que vieron los procesos de confección de una de las firmas de alta costura española más cotizada.
Por tanto, es el propio espacio el que, alineado con los intereses de la artista, permite que la muestra, más allá de una exhibición del trabajado escultórico de Comte, se configure como una perspicaz reflexión sobre el espacio y la materialidad, cuestiones a las que se otorga un valor sustancial mediante el que obra y entorno adquieren una relevancia equiparable: no solo se complementan o logran fusionarse, sino que incluso llegan a necesitarse. La muestra, categorizada como escultórica, propone un ejercicio de recepción que trasciende el modo de percepción habitual de las prácticas artísticas enmarcadas en la escultura. No solo requiere de la visualidad del espectador, sino que la artista, en Through Dry Ocean Forests, convoca otros sentidos – tacto, olfato y oído – mediante los que prueba que el ejercicio de percepción está completamente subordinado a cuestiones que recurrentemente quedan en un segundo plano, como la distribución espacial, la sonoridad o el olor.
La voluntad de Comte por convertir el espacio expositivo en un elemento más de la muestra no es un hecho sin precedentes. Se ha tornado habitual, en la exhibición de su producción, ver cómo el entorno es situado en un lugar equiparable, en términos de relevancia, al que ocupan las obras. Para constatarlo, es oportuno hacer mención a la muestra que antecede la exhibición en la galería Albarrán Bourdais y que también tuvo lugar en la capital: After Nature, en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Esta exposición temporal – que estuvo en activo desde mayo hasta agosto de 2021 – no solo exhibía las reconocibles esculturas talladas en madera de secuoya suiza de la artista, sino que, además, permitía intuir el rol determinante que Comte era capaz de otorgar al espacio expositivo – en este caso, lo hizo interviniendo las paredes de la sala para crear una pintura mural multicolor que remitía a una de sus formas orgánicas de la naturaleza predilectas: el coral.
La muestra en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza es posible leerla como una acción iniciática, un tímido primer ejercicio de exploración de las posibilidades de diálogo entre objeto artístico y espacio que, meses después, la artista ha llevado al límite de sus posibilidades. En la galería Albarrán Bourdais, Comte, a través de la muestra escultórica, redimensiona la investigación del espacio, introduciendo la exploración material y creando un vínculo irrompible entre materia y lugar, mediante el que configura – aprovechando las tres plantas de la galería – tres ecosistemas distintos que, según sostiene la artista, hacen referencia a tres capas geológicas diferenciadas. Mármol, madera y arcilla. Estos son los tres materiales que actúan como hilos conductores de la muestra, que permiten identificar tres espacios diferenciales dentro de la misma galería y que, a su vez, se corresponden con la materia prima que la artista toma como punto de partida para crear los tres tipos de piezas escultóricas exhibidas.
En suma, Through Dry Ocean Forests constituye un ejercicio altamente razonado sobre la materialidad y el espacio expositivo y las innumerables formas de diálogo existentes entre ambos. Pese a la innegable importancia que adquieren la cuestión material y la espacial en la exhibición, resulta llamativo que, tanto en el statement de la artista como en la información proporcionada por la galería a los visitantes, sean otras las cuestiones que se enfatizan y señalan como ejes vertebradores de la muestra. Hay un claro empeño por reivindicar una conexión entre las formas de la naturaleza a las que remiten las esculturas y la preocupación medioambiental. Esto, en última instancia, prueba la existencia de una tendencia discursiva que consiste en categorizar como ecologistas obras que remiten a la naturaleza y que no necesariamente se articulan con esa única finalidad o, en el caso de hacerlo, ese discurso es incoherente con los modos de producción del artista.
En la muestra de Comte, es cierto que la artista se decanta por formas de la naturaleza amenazadas – como el coral – y que no produce en serie – no se trata de una producción masiva. Sin embargo, hay cuestiones en el modo de producir que contradicen esa preocupación medioambiental que se elige como vertebradora del discurso: la artista no trabaja con materiales sostenibles ni reciclados; produce las esculturas en Italia y, en consecuencia, es imprescindible hacer un traslado – que es especialmente contaminante – para poder exhibirlas. No obstante, no se trata de debatir la coherencia de la artista en relación con la cuestión medioambiental, sino de ver cuál es realmente el lugar que esta ocupa y otorgarle la importancia correspondiente, tratando no negar, pasar por alto o desmerecen otras cuestiones relevantes de la exhibición y, probablemente, más sugestivas. Precisamente, lo que se alza como hilo conductor de la muestra es la materialidad de la obra y la distribución espacial de las piezas – que permite crear tres espacios diferenciados, pero no ajenos, ya que todos reproducen la idea de diálogo entre materiales a partir de la materia prima empleada en la escultura y la elegida para cubrir el pavimento. Por tanto, si se atiende no solo a las piezas escultóricas, sino al contexto que las alberga (algo imprescindible, pues la artista trabaja con instalaciones site-specific), Through Dry Ocean Forests invita a una aguda reflexión sobre obra, espacio y materia, y la posibilidad – y necesidad – de diálogo entre ellos.
Claudia Luque



Un poco larga. Se puede decir lo mismo con la mitad de palabras. La crítica debería tener una extensión entre ochocientas y mil doscientas palabras (entre dos y tres folios). La tuya tiene 2151 palabras (seis folios). La crítica sin embargo está muy bien.
ResponderEliminar