No todas las sombras vienen de la misma luz
Elogio a la sombraGalería Elvira González 10 de noviembre de 2022 - 5 de enero de 2023
La obra de Robert Mapplethorpe siempre se ha visto sujeta a asociaciones automáticas y a la vez indebidas, siendo la propia vida del autor el condicionante para que su obra adquiera nuevos significados. Así, en la galería Elvira González, en colaboración con The Robert Mapplethorpe Foundation, se nos propuso, desde el 10 de noviembre hasta el 5 de enero de 2023, una nueva lectura a partir del texto El elogio de las sombras de Junichito Tanizaki. En la exposición, pudimos ver una selección de fotografías de Mapplethorpe, donde la sombra está presente muchas veces como objeto fotográfico. La selección contaba con más de treinta fotografías del autor, que exploraban géneros a los que el artista nos tiene acostumbrados: retratos, flores y desnudos, predominando en ellos un estudio muy preciso de la luz, como caracteriza siempre a Robert Mapplethorpe.
Mapplethorpe (1946-1989) fue un fotógrafo estadounidense que comenzó su carrera en la década de 1970 de la mano de Sam Wagstaf, un conocido comisario y coleccionista de arte, que poco tardó en convertirse en su mentor. Robert Mapplethorpe es conocido, a día de hoy, como un fotógrafo clásico, tanto en términos académicos como fotográficos, ya que son pocos los fotógrafos que han llegado a desarrollar un dominio de la luz y de la composición tan preciso como exquisito, pero esto no siempre fue visto de esta manera.
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Robert Mapplethorpe, Dennis Speight, 1980 |
Desde el principio de su carrera, sus fotografías se tachaban de obscenas, indecentes e incluso pornográficas. Y es que la sexualidad siempre ha sido un tema presente en su obra, llegando a ser apodado por Wagstaf como un “pornógrafo tímido”. Pero las fotografías de Mapplethorpe van más allá de la simple etiqueta de lo pornográfico, usada, en muchos casos, como método de censura a prácticas que amenazaban los discursos autoritarios. Kenneth Clark habla, en su libro El desnudo, sobre la diferencia entre estar desnudo, que es estar sin ropa, y el desnudo, que es una forma de arte. ¿Pero qué ocurre con los desnudos de Mapplethorpe? ¿Por qué estaban sujetos a tanta polémica?
Robert Mapplethorpe es un artista muy interesante desde muchos puntos de vista, ya no solo en términos fotográficos, sino en términos de contenido atendiendo a lo político. Las fotografías de Mapplethorpe exploraban temas que en aquel entonces eran tabúes, como la homosexualidad, la fechitización, el sadomasoquismo y la representación masculina en una sociedad dominantemente heteronormativa, todo ello siempre de manera elegante. Muchos de sus retratos documentan la escena LGBTQ+ de Nueva York, imágenes explícitas de sexo, desnudos masculinos, y personas negras. Su obra no solo está ligada a la iconografía gay, sino que fue partícipe, en el momento en el que se produjo, de generar ese imaginario colectivo necesario, debido a que el VIH/sida —que terminó afectando a Mapplethorpe— generó una crisis en la representación.
En aquel momento, los medios recurrían a una iconografía que se refiere casi de forma automática a la imagen de un hombre mártir, acostado, y marcado por la enfermedad. Este tipo de imaginario fue utilizado por campañas homófobas, ya que dejaba el cuerpo afectado por el sida como un cuerpo “víctima”, entendiendo el virus como un castigo y fruto del deseo homosexual, bajo la premisa de que esas eran las consecuencias de ser gay. Existía una guerra iconográfica y el trabajo de Robert Mapplethorpe contribuía a generar una iconografía dignificante, celebrando y reivindicando su sexualidad. Tanto fue así que su obra sufrió una censura en 1989, al poco de su muerte, en la Corcoran Art Gallery, una de las más antiguas e influyentes galerías de Washington D.C. La censura se produjo debido al contenido abiertamente homoerótico de las imágenes, pero ¿por qué molestaban sus desnudos?, ¿por qué no se entendían como arte? Mapplethorpe se convirtió en un símbolo y su obra formó parte de una nueva iconografía, a pesar de que no todas sus obras tengan un carácter homoerótico. Esto es lo que ocurre alrededor de sus fotografías, estas están profundamente ligadas a su vida, siendo casi imposible leer sus imágenes sin el discurso que se generó en el momento. Entonces, teniendo en mente esta situación, ¿qué ocurre con la propuesta de la galería? Encuentran en la sombra, un motivo recurrente en la obra de Mapplethorpe y lo ponen en diálogo con la sombra de Tanizaki, pero ¿acaso este diálogo es enriquecedor?, ¿o no encontraban una justificación teórica a la selección de las fotografías?
No quiero tachar, como simple, la decisión comisarial de la galería a la hora de generar una lectura de la sombra en Robert Mapplethorpe, a través de él el texto de Tanizaki, pero plantear estas conexiones es empobrecer tanto una obra, como la otra. Los significados y contextos de ambas se retuercen, generando un puente débil, un espacio referencial que poco tienen que aportar el uno al otro, más allá de espacios comunes superficiales. Aun así, el hecho de poder disfrutar de esa selección de fotografías de Robert Mapplethorpe es una experiencia maravillosa que debemos de agradecer a la galería Elvira González, ya que la presentación y disposición en la sala están a la altura de la elegancia del fotógrafo.
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Elogio a la sombra. © Galería Elvira González |


Tienes razón en tu crítica. Se sirven de Tanizaki como pretexto.
ResponderEliminarPor cierto, escribes mal el nombre de Tanizaki. Y además hay algunas erratas. Por ejemplo: "a través de él el texto".
En la época de Mapplethorpe no había cultura LGTB, o como tú escribes "escena LGBTQ+". Nadie reivindicaba entonces la sexualidad de las lesbianas ni la existencia de los transexuales.