Nebulosa sonora

 Leonor Serrano Rivas, Magia Natural

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Calle Santa Isabel, 52

28012

21 de septiembre de 2022 - 27 de febrero de 2023 


La artista malagueña Leonor Serrano Rivas participa del programa Fisuras con una exposición cargada de efectos visuales y sonoros. Dicho programa fue creado en 2013 con el objetivo de que diversos artistas creen obra nueva a partir del espacio que proporciona el museo. En este caso, la artista ha divido la exposición en tres salas distintas: el Espacio 1, la Sala de Bóvedas y la Sala de Protocolo. En cuanto a la obra, esta se constituye de tres bloques divididos en dos partes y que se disponen a lo largo de los tres espacios. En todas las muestras se oscila entre la videoinstalación, la instalación y el teatro o performance de la que participa el espectador.

 

Dentro del Espacio 1, habrá una antesala con unas pequeñas piezas de metal que albergan una especie de fibra nebulosa en su interior, un juego que preconiza lo que ocurre en la sala principal, donde se exhibe una película de cine experimental que invita a ser vista a través de los reflejos que esta proyecta en los espejos trucados del espacio. Al igual que en el resto de la muestra, la artista consigue privilegiar la visión de cada visitante al dotar de una gran relevancia la perspectiva con la que es vista su obra. En otras palabras, cada espectador obtendrá una experiencia diferente en función de cómo este se mueva dentro de un espacio que, a palabras de la artista, conjuga la magia, la ciencia y la filosofía en una línea de objetos situados en la línea del horizonte de visión.


            Dentro de la segunda parte de esta exposición se asistirá a una instalación similar, aunque esta será de más difícil comprensión debido a que consiste en una especie de continuación pormenorizada de la anterior. Quizá de esta muestra lo más interesante sea cómo la obra juega con uno de los espacios más olvidados y a la vez más particulares del museo, la Sala de Bóvedas. Ya desde la antesala, donde encontraremos unas pequeñas placas de cristal policromadas de poco interés, se podrá escuchar el ruido de una película de 16mm que se lleva toda la atención. Una vez dentro, una serie de reflejos que remiten a la primitiva linterna mágica iluminan la oscura sala, una sala que cede todo el protagonismo a una película donde no se podrá distinguir de manera clara ninguna forma o contenido, tan solo será el resultado de una “performance mágica de la cámara”, una denominación que para mi juicio resultará un tanto pretenciosa, o como mínimo, poco comprensible.

 


De nuevo en la superficie y en la parte final de la exposición, en la Sala de Protocolo, se asistirá a la parte más interesante de la exposición, donde esta vez el sonido cobrará un protagonismo mucho mayor que en las dos anteriores muestras. Al entrar, los visitantes podrán activar una serie de platillos suspendidos en el aire que amplifican el sonido de unas cajas de música que siguen el patrón musical de la banda sonora que se pudo escuchar en la película de la primera sala. Como consecuencia, con esta intervención la artista habrá dado carta de libertad a los visitantes para que creen una nueva canción, perecedera e irrepetible, que servirá como sintonía para la sala principal del espacio. Las intenciones performáticas que buscaba la artista en las anteriores salas aquí se terminan de cumplir con mayor éxito, pues a lo largo de toda la estancia estarán dispuestos cuatro telares de Jacquard, con un diseño que remite a las perforaciones ejecutadas sobre las tarjetas que dan sonido a las cajas de música. Estos telares solo tendrán sentido si son activados por los visitantes, que siempre y cuando se descalcen, podrán oscilar, danzar y revolverse en los telares, tal y como hizo la propia artista el día que pudimos asistir en grupo a la muestra.

 


El título de la exposición, Magia Natural, no es casual, ya que por momentos se asiste a experiencias dotadas de un alto grado de espiritualidad y conexión con la obra que no siempre se da dentro de los recintos museísticos. Una prueba de ello es la película proyectada en la primera sala, cuya reminiscencia se deja sentir a lo largo de toda la exposición a través de diferentes dispositivos que son percibidos por diferentes sentidos de nuestro cuerpo, siendo el caso de los telares de Jacquard el más paradigmático.

A pesar de estar sustentada conceptualmente en las casuísticas de los distintos avances del método científico de la Edad Moderna, como la mencionada linterna mágica, los autómatas o los espejos, la exposición posee un marcado carácter estético que la hace brillar por si sola. La participación activa del espectador invita a un mayor y diverso número de lecturas posibles, algo que nutre positivamente a una exposición cuyo mayor inconveniente es que el espacio que le proporciona el museo se le queda corto.



Francisco Villalobos 

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