Mírame a través de los ojos de un extraño

Pauline Boudry / Renate Lorenz
El cristal es mi piel

Parque del Retiro, Palacio de Cristal. Museo Reina Sofía

7 octubre, 2022 - 9 abril, 2023 

El cristal es mi piel es una instalación producida por las artistas Pauline Boudry y Renate Lorenz para el espacio específico del Palacio de cristal en el parque del retiro.

La exposición está compuesta por diferentes elementos: el primero que capta la vista son las plataformas reflectantes efecto espejo que por sus posiciones contra intuitivas (en vertical, diagonal, etc.) funcionan como escenarios fuera de función. Desde las plataformas emana cada cierto tiempo humo de discoteca que inunda el espacio de la muestra impidiendo la visibilidad y convirtiendo el transparente edificio en completamente opaco. Simultáneamente, una canción interpretada por Aérea Negrot suena en distintos tiempos a través de los altavoces repartidos en la muestra, invitándonos a ir persiguiendo la voz por el espacio: 

Straight ghost? 
Non-binary smoke 
Pasando a mis espaldas 

Mírame a través de los ojos de un extraño
See myself through the eyes of a stranger 

Watch me 
Verme
Con mis ojos 

Hay un último elemento que es central para la muestra: el propio edificio del palacio de cristal. Este edificio, construido en 1887 para la Exposición General de las Islas Filipinas, tenía en su origen el objetivo de mostrar al público español la vida y cultura de los habitantes de Filipinas, colonia española desde el siglo XVI. Siguiendo la lógica antropológica de las exposiciones de la época, el edificio mostraba los objetos representativos de la cultura mientras que en el exterior del edificio se ‘exponían’ a los habitantes dentro de su ‘presunto’ ecosistema natural. La transparencia del edificio representa aquí la encarnación de la unidireccionalidad de la mirada europea sobre el sujeto colonial. 

Grabado de la apertura de la exposición de Filipinas. Madrid.
Grabado de la apertura de la exposición de Filipinas. Imagen: Dirección General de Bellas Artes y Archivos.

En su libro Colonising Egypt, Timothy Mitchell reflexiona sobre la construcción de la mirada colonial a través de las diversas exposiciones universales y las narraciones de viajes que circulaban en el siglo XIX. Según el autor, estas contribuían a la exotización y esencialización de los países representados al crear una imagen que se instalaba en la imaginación como verdadera, permitiendo construir el relato acorde a los intereses imperialistas del momento. Para ello, se ponían en tensión dos mecanismos: la voluntad de distanciamiento por parte del visitante europeo frente a los objetos o personas exhibidos —separados por una valla que indicaba el inicio de la otredad— y a la vez, la voluntad por querer experimentarlo como si fuera la realidad, como si quisieran "sumergirse en el decorado y tocar con sus dedos la cultura extraña".

La transparencia del Palacio de Cristal permite ver el interior a la vez que marca un claro límite entre el espacio expositivo y el espacio de la realidad. Crea una simulación de visibilidad al mismo tiempo que lo aísla del exterior. Esta dinámica simultanea entre cercanía y distancia, entre exceso escópico e invisibilización del otro colonial, es la que Boudry y Lorenz tomarían como referencia para intervenir el espacio. Frente a esta paradoja funcional, las artistas utilizan la emisión de humo para convertir el edificio transparente en uno completamente opaco, herramienta estética que empuja a cuestionar la objetividad del Palacio como régimen de visualidad.

Vista de la instalación. Imagen: Museo Reina Sofía

A esto se suma otro elemento que distorsiona los sentidos establecidos sobre la dirección de la mirada. El espacio está ocupado por plataformas reflectantes que, según las artistas, “evoca ese momento en que uno entra en escena, en que aparece en público, en que empieza a actuar. Es un momento de transición, el frágil instante que separa el no actuar del actuar, el entrar del no entrar en escena, la invisibilidad de la visibilidad”. Sin embargo, en este caso los escenarios devuelven a modo de espejo la imagen de quien se mueve por el espacio. Lo que por definición tiene como objetivo proyectar la visibilidad del performer, hacerlo accesible a la mirada del público, alzarlo en el espacio, en este caso nos confrontamos con nuestra propia mirada siendo devuelta. O tal y como se menciona en el texto comisarial: “Los escenarios transforman al propio Palacio de Cristal en un intérprete. El edificio sale a escena, ligeramente distorsionado, reflejado en los espejos”.


Vista de la instalación. Imagen: Museo Reina Sofía

Si bien la muestra da cuenta de una cierta coherencia entre sus recursos formales y sus propuestas conceptuales y políticas, considero que le falta solvencia al articular un diálogo entre lo colonial (capturado en la relación con el edificio) y lo queer (capturado a través de la estética de ballroom de las plataformas, humo y música). Las artistas asumen la influencia de la estética propia de la cultura ballroom o espectáculos drag —materializada en las plataformas reflectantes, en el humo de discoteca o más explícitamente en la letra de la canción— como vía para evocar un posible pasado alternativo. Un cuestionamiento hacia las formas en las que el pasado ha ocurrido y las formas en las que no lo ha hecho, las historias que se quedaron fuera del marco. “¿Qué sucedería si el Palacio hubiera sido construido con un propósito diferente, si se hubiera empleado para establecer relaciones diferentes?” se preguntan.

Vista de la instalación. Imagen: Museo Reina Sofía

Hay un cierto sentido en hacer dialogar al otro colonial y al otro LGTBIQ+ en la medida que ambos colectivos han estado sujetos a una mirada fetichizante y discriminatoria, aun así, pareciera que la relación no termina de estar del todo articulada. Mientras que la experiencia de la instalación nos lleva a conectar con toda una serie de referentes estéticos queer, el peso histórico del edificio en el que se ubica nos lleva a la historia colonial, temas ambos con especificidades complejas pero que no quedan reconocidas.
 
En todo caso, la muestra captura bien el cuestionamiento de las formas en las que la mirada carga peso político; la visibilidad social no siempre implica la adquisición de un mayor estatus como sujeto y en determinados contextos, responder con invisibilidad también puede ser una forma de resistencia.

Paula Eslava

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