Magia en tres espacios únicos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Magia en tres espacios únicos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Leonor Serrano Rivas, Magia Natural
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Espacio 1, Sala de Protocolo y Sala de Bóvedas. (C. de Sta. Isabel, 52, 28012 Madrid)
21 de septiembre de 2022 - 27 de febrero de 2023
Leonor Serrano Rivas presenta Magia Natural en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, siendo parte del Programa Fisuras del mismo museo. La exposición, realizada en tres especiales salas, estará visitable hasta el 27 de febrero del 2023.
Las instalaciones que conforman la exposición están expuestas en tres salas próximas entre ellas: el Espacio Uno, la Sala de Bóvedas y la Sala de Protocolo. En las tres instalaciones el rol del espectador cambia por completo, convirtiéndolo en parte de la misma obra y del proceso creativo de la misma, lo cual es francamente interesante.
Las tres instalaciones tienen, según la artista, un denominador común: los procesos y conocimientos compartidos por la ciencia y la magia. Para reflejar esto la artista, de una forma algo teatral e incluso performativa, se vale de elementos que juegan con los sentidos del espectador, inspirados en técnicas ilusionistas del siglo XVI. Por otro lado, la artista dice articular también las instalaciones de las tres salas con un pequeño poema de Gonçalo Tavares.
El Espacio Uno, donde comienza la exposición, está formado por dos partes: una instalación en el acceso a la sala y una proyección en video dentro de la misma. Esta primera instalación está formada por unas grandes piezas giratorias en las que hay integradas unas pequeñas pinturas. Estas piezas generan en el espectador el deseo de tocarlas y hacerlas girar, pero el espectador se contiene, ya que en un contexto museístico esto puede no estar permitido. Después de este prohibido deseo, aparece una grandísima proyección: El Sol Está Contando las Rotaciones de la Tierra. Los muros curvos que rodean la gran pantalla, que parecen espejos, reflejan las formas y colores de la grabación de forma especial, creando un muy interesante espacio en el que el espectador está, casi de forma literal, dentro de la obra misma.

Vista de la exposición en el Espacio Uno. ©Museo Reina Sofía.
Tras esta experiencia, la siguiente sala, posiblemente la más emocionante y desconocida, es la Sala de Bóvedas, donde, con un juego de espejos y reflejos, la obra viaja por dos espacios. Para llegar a dicha sala se deben bajar unas escaleras que, en primera instancia, como las ganas de mover las piezas del Espacio Uno, parecen prohibidas. Pero un guarda de sala invita a pasar. Al principio parece que el recorrido no es el correcto, pues son muchas las escaleras que hay antes de llegar a la interesante instalación. Una vez llegado al piso más bajo, aparecen en una mesa unas piezas pequeñas de forma rectangular, y a su lado una oscura puerta.
Aunque el espectador siga pensando que se ha confundido de recorrido, al entrar en esta sala descubre la que es una instalación que mediante juegos de espejos ocupa dos interesantes espacios. La Sala de Bóvedas es un sitio singular, donde las fachadas de todas sus paredes están conformadas por ladrillos rojizos, que, en este caso, no son muy visibles.
El espacio está completamente oscuro, solo hay una pequeña lámpara en el suelo para avisar al espectador de que ahí acaba empieza la pared. Al entrar, aparece en el techo lo que parece una gran pantalla en la que se reflejan formas abstractas. No se entiende como llegan esas imágenes a dicha pantalla, pero se ve un haz de luz que pasa por una pequeña ventana en la pared. Debajo de esta hay un arco que hace de conector con la siguiente sala (¡Cuidado! ¡Hay que agachar la cabeza pues el arco es muy bajo!). Cruzando el arco aparece un sonido regular y constante: una cámara está proyectando una película en 16mm en un espejo. El reflejo de este espejo, se refleja en otro, que a su vez lo hace en otro, hasta, por fin, pasar por la pequeña ventana y reflejarse en la gran pantalla del principio.
Las imágenes tienen una relación estética con los fotogramas de la proyección El Sol Está Contando las Rotaciones de la Tierra del Espacio Uno. Además, las mencionadas piezas rectangulares que aparecen antes de entrar a la Sala de Bóvedas son unas placas de Chlandi que convierten el sonido en imagen transformando las vibraciones del sonido en formas abstractas gracias a unas substancias granuladas colocadas en una superficie plana.
La Sala de Bóvedas es ideal para esta instalación: genera un espacio íntimo entre la obra y el espectador, tanto por la oscuridad como por el juego de reflejos que el espectador ansía entender.
La última instalación se expone en una de los espacios más interesantes y únicos del museo: la Sala de Protocolo. La sala, en la que el suelo es de madera y las paredes están cubiertas con armarios del mismo material, se conforma por dos pisos, conectados por una estrecha escalera de caracol, también de madera. La artista decide valerse de este espacio colocando cuatro grandes tapices realizados con la técnica jacquard, donde los espectadores pueden moverse descalzos sobre ellos (andar, tumbarse, sentarse…).
En los tapices, el sonido se convierte en una imagen física: para crear las formas de los tapices la artista utiliza la partitura de la banda sonora de El Sol Está Contando las Rotaciones de la Tierra. Primero crea con esta banda sonora partituras perforadas para cajas de música. Dichas cartas perforadas se encuentran subiendo las escaleras de caracol, plegadas y colocadas en la pared como si de una única pieza se tratase, ya que todas ellas están cosidas entre sí con un mismo hilo. A partir de estos papeles perforados, Leonor Serrano Rivas crea las formas y elementos de los tapices. Pero la obra no acaba aquí. Antes de entrar en la Sala de Protocolo, hay suspendidos en el aire unos grandes platillos de percusión a los que se les ha añadido una pequeña caja de música que el espectador debe activar para hacer sonar la melodía en los platillos. Naturalmente, dicha melodía es la banda sonora de El Sol Está Contando las Rotaciones de la Tierra.

Vista de la exposición en la Sala Protocolo ©Museo Reina Sofía
Cada espacio es referente de tres técnicas ilusionistas del siglo XVI: la instalación del Espacio Uno es referente de la cámara oscura, la Sala de Bóvedas de la linterna mágica y la Sala de Protocolo de la caja musical. Estos elementos son los que dan sentido al título de esta exposición: magia creada por el arte y el entretenimiento que pasó a ser utilizada por la ciencia más pura.
Los espacios han sido perfectamente escogidos para cada instalación, haciendo que dichos espacios se conviertan también en parte de la obra creando así sensaciones especiales en el espectador: sentirse inmerso en la obra, descubrir la Sala de Bóvedas o poder pisar los tapices. Así, el espectador se convierte directamente en el protagonista de la obra, siendo esto uno de los más importantes objetivos de la artista que, sin duda, lo consigue. Recorrer estos tres únicos y especiales espacios crea en el espectador una experiencia natural, pero, sobre todo, mágica.
Anne González Aspiazu

No hablas de la trayectoria de la artista. De nuevo es una crítica más descriptiva que valorativa. Algunas erratas: "de que ahí acaba empieza la pared" o "Chlandi" en vez de Chladni.
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