Luces de bohemia (y de ilusión)

 Esta luz, este espacio

Diego Moya

Galería Luis Burgos

C. De Villalar, 5. 28001. Madrid

3 de noviembre de 2022 — 9 de diciembre de 2022


La propia galería se define como un espacio que apuesta por el arte contemporáneo producido a partir de 1945 así como también por las vanguardias clásicas. Como galería dialogó entre Madrid y Bilbao durante muchos años lo cual queda también demostrado en la selección de artistas a los que representan actualmente. 



En esta exposición nos encontramos que la galería ha apostado por Diego Moya, una personalidad reconocida en el arte contemporáneo Español que sobre todo tuvo su auge en los años 70 y que desde los 90 está altamente vinculado a Marruecos y al establecimiento de las relaciones artísticas entre ambos países. 


Diego Moya es un artista que comenzó su innovación artística en el medio de los paneles de metacrilato en los 70, lo que en su momento se denominó nuevos materiales junto con la luz y que produjo entonces una gran cantidad de obras que llegaron a estar expuestas en el vestíbulo de las Torres de Colón, un hito de innovación en los sistemas constructivos que supuso entonces una reafirmación de la modernidad en la que Madrid se estaba estableciendo y de la que Moya era parte. 


Nebulosa 1 cara A. 1974. Fotografía del catálogo de la galería Luis Burgos.

Sin embargo, lo que tenemos presente no es ninguna de las obras que realiza en esos contexto si no más bien una serie un tanto espacial que retoma de sus primeras incursiones con el medio. Es un proyecto que además también ha sido expuesto en la misma ciudad en la galería José de la Mano y que probablemente prosiga cierta itineraria; así como también han sido obras expuestas en el SIAF Internacional de Sharjah en los Emiratos Árabes. 


Al entrar a la galería encontramos las obras dispuestas en las dos alturas de la misma. En la sala principal al entrar nos encontramos con toda una serie de obras que aludiendo a diferentes temas en consonancia con el espacio y el universo presentan una misma tipología de formato. Se trata de piezas cúbicas de metacrilato en una consecución de planos paralelos equidistantes situadas de frente para que se pueda observar en la superposición de dichos planos como cada uno de los grabados que presentan en las placas de metacrilato se unen para dar lugar a una obra que alude al movimiento, a la contemplación y a la captación de un instante. 



Todas las piezas se acompañan también de una base iluminada que es la que se refleja en los grabados de los planos y nos permite así observar el aura de las figuras de la composición. También presentan una caja protectora que es la que está teñida de la característica tonalidad azul que reviste prácticamente todas sus obras. 


En la planta inferior seguimos encontrando esta composición en una pequeña sala que casi parece ideada para que su única iluminación provenga de las obras. Además, si nos adentramos al espacio entre sala y las zonas de trabajo de la galería nos encontramos una pequeña composición con una de las obras originales de los 70 como pieza central. En esta se ve el paso del tiempo por el cambio de tonalidad y de tamaño, es justamente todo lo que se esperaría ver en una obra de esa época conservada hasta la actualidad. 

ELVAQ7 cara A. Fotografía del catálogo de la galería Luis Burgos. 


La obra de Moya es un juego de geometrías, planos y velocidades que pretenden trasladar al espectador al interior de los cubículos y que permite al no situarlos todos contra la pared, una comprensión de la doble espacialidad de las obras que se mezclan según de que cara se miren al estar compuestas por patrones de imágenes distintos desde cada uno de esos lados. 


La propia localización de las obras en el recogido espacio de la galería acompaña también a esa especie de contemplación que las obras pretenden trasmitir. Si bien tal vez no podemos hablar de que las obras tengan su propia expresividad, si podemos comprender que en su conjunto y localización se consigue crear una conexión entre el espacio y el visitante que transita el mismo desde la calma. 


La hoja de sala nos menciona como se pretende representar la luz con luz y como se trata de objetos que trasladan a la meditación así como la clara conexión con lo científico de las propias obras que se reproducen. Todas, pequeños universos en contención o tal vez apenas unos juegos de líneas y planos. 

ELVAQ 16 cara A. Fotografía de
catálogo de la galería.


Si bien toda la obra es un tránsito por la experiencialidad del artista con el medio y una muestra de la conexión con lo cósmico, lo universal, los patrones y el movimiento, tal vez como espectadores no somos más que polillas atraídas a la luz que a veces, y también de modo necesario, no necesitamos ir más allá de lo que es estéticamente atractivo y funciona sin interpelar una necesidad directa de reflexión. O tal vez, en esa contemplación conseguimos trasladarnos al estado de meditación necesario para crear una conexión más profunda desde nuestro interior con la obra y trascender la necesidad de justificación de la misma. 





Sea como fuere, lo que sí consigue Moya, y lo que lleva mucho tiempo haciendo bien con estas obras, es dar lugar a un espacio agradable en el que uno puede perderse en la obra y observarla cuanto mucho o poco quiera. Y lo que demuestra es que en cincuenta años de diferencia nos siguen interesando, entre otras cosas, poder ver obras de luz, aunque al igual no tanto de bohemia. 




María Valls.

Comentarios

  1. Español no es con mayúscula. Estilo un poco forzado. Puntuación incorrecta. "Sino", conjunción adversativa, se escribe todo junto. El proyecto presentado en José de la Mano eran obras de los años setenta.

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