Los sonidos en el lienzo descubrir

 El tiempo es un sonido que no escuchamos

Glenda León

Galería Juana de Aizpuru

C. Del Barquillo, 44. 1º dcha., 28004, Madrid

5 de noviembre de 2022 — 4 de enero de 2023


La galería Juana de Aizpuru, gran referente del contexto artístico español, nos adentra esta vez en una exposición que permite activar todos los sentidos gracias a la artista Glenda León. 


Glenda León es una artista cubana nacida en 1976 que a través de su obra, generalmente multidisciplinar, busca lo que se encuentra in between. Ese lugar entre lo visible y lo invisible, lo efímero y lo eterno, y entre el sonido y el silencio. Muestra de ello es su exposición el tiempo es un sonido que no escuchamos donde lo visual se une a lo natural y a lo sonoro. 


Ya habiendo sido parte de la 55 Bienal de Venecia en el Pabellón Cubano con su obra ‘Música de las esferas (2013)’ , y habiendo estudiado ballet, para León el sonido es la clave, ya sea una alusión al mismo o lienzos capaces de transformarse en instrumentos como veremos más adelante. 


En esta ocasión nos encontramos con dos salas diferenciadas que separan la obra de Glenda entre aquello más gráfico y lo más experimental. 


En primer lugar podemos ver una sala donde se encuentran las obras de la serie que me he tomado la libertad de denominar como “escucha” dado a que los títulos siempre son ‘Escucha los árboles’, ‘Escucha las abejas’, ‘Escucha los rayos’, etc. Todas ellas formalmente se rigen por el mismo patrón: un folio (de papel Arches satinado de 300gr) apaisado sobre el que se han dibujado de manera céntrica cinco líneas horizontales que aluden a un pentagrama (sin clave) pero que son más que suficientes para que luego situemos la línea de grafito que las atraviesa como una posible melodía que intenta resonar en nuestra cabeza.   






Esta serie de obras es la búsqueda de la unión entre lo musical y lo natural ya que todas las representaciones son elementos relacionados con lo natural como pueden ser las nubes, los rayos, las abejas o los árboles. En el último caso, la artista ha ido un paso más allá situando sobe la propia pared de la sala el pentagrama ya mencionado y para la melodía una rama de árbol.    




En segundo lugar, nos encontramos con los grandes lienzos, la escultura y con la alusión a diferentes imaginarios. Sin querer retener más el misterio, todo lo que estas obras tienen en común, a parte de su delicadeza, es que son “instrumentos”. 




Aunque no sea recomendable ir todos a tocar como si se tratase de un grupo de orquesta, al estar realizadas con cuerdas de diferentes instrumentos como el violín o la guitarra, todas las líneas que conforman las diferentes identidades de los cuadros pueden emitir un sonido —que además fue afinado al comienzo de la exposición— y por tanto todas las obras tienen su propia melodía, re-interpretable por cada uno de los visitantes que se atrevan a ser muy delicados en el manejo de las mismas.



Una vez más nos encontramos ante una manera muy refinada de alabanza a la naturaleza desde esa mirada que abarca tanto el silencio de la contemplación como el sonido desde un nivel claramente visual como es el caso de la obra ‘Escuchando la luna’ donde las fases lunares están conformadas por tambores sin ningún tipo de misterio; o en otros obras, como ‘Escuchando la lluvia III’ donde la lluvia va acompañada de la melodía que decidamos —o no— crear.   








La muestra, es en general bastante interesante y muestra la preferencia por lo poético, el imaginario celeste y lo romántico de la sencillez expresiva y musical de la artista. León consigue exactamente lo que busca, una resignificación y un visión multiespecie que alude al sentimiento de pertenencia universal del ser humano. Una unión mediante el sonido de las visitantes


Además, como diríamos los jóvenes —y no tan jóvenes— de internet, toda la obra es muy aesthetic. 

Sin embargo, en búsqueda de la falla, hay que considerar que es—o al menos a mi me resulta— complicado llegar más allá de lo estético y lo innovador del divertimento y de la transformación de los espacios y los lienzos hasta la crítica o el aviso hacia la emergencia climática actual que se menciona en el texto de sala y casi parece un interés por dar mayor peso conceptual a la exposición que no tiene por qué ser necesario y que ya es más que relevante por sus aportaciones. 


Glenda León ha conseguido una obra que encandila, que sorprende y que de manera muy sencilla y cotidiana se queda con un pedacito del recuerdo de la gente que la visita, y tal vez, eso es mucho más importante que la necesidad de denuncia constante que parece estar pendiendo sobre las cabezas del arte contemporáneo, que si bien es necesaria, no debería ser obligada.


María Valls.

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