Cuando las piedras cobran vida
Materia Vibrante,
de Álvaro Oyarzún y Christian Vinck
Galería Lucía Mendoza
C/ de Bárbara de Braganza, 10
28004, Madrid
26.11.2022-21.01.2023
En una de las paredes expositivas de la galería Lucía Mendoza observamos una anómala fuga. En La Pradera (2022), una suerte de cómic compuesto por catorce óleos del artista Christian Vinck, vemos cómo el gran busto de Goya del parque de San Isidro cobra vida propia para bajarse de su pedestal, montarse en un autobús y marcharse. Quién sabe, quizás ocurriera algo parecido con el cráneo del propio artista: desde el año 1919, los restos de Goya descansan en la ermita de San Antonio de la Florida, pero sin su cabeza, cuya desaparición sigue siendo un misterio a día de hoy. ¿Se moverán de un lado a otro los huesos y las piedras cuando nadie los mire? ¿Tendrán las cosas una vida propia que exceda los límites de nuestra comprensión antropocéntrica? Es lo que parece sugerir el conjunto de obras de la exposición Materia Vibrante. Partiendo del libro homónimo de Jane Bennett, el comisario Gabriel Pérez Barreiro pone en diálogo la obra del artista venezolano Christian Vinck con la del chileno Álvaro Oyarzún, además de una serie de dibujos site specific realizadas junto con Marlene Azocar, para repensar la visualidad del paisaje y, en general, la relación entre lo humano y lo no humano en la era del Antropoceno.
Piedras, ríos, montañas, coloridas formaciones geológicas, bacterias, murciélagos con coronavirus, mascarillas, basura que desborda de los contenedores... todo se somete al mismo oleo vibrante de Oyarzún. Una expresiva brocha imbuye de vitalidad las imágenes fotográficos que toma como modelo para su trabajo pictórico. Haciendo de una de las salas un recargado espacio con casi un centenar de cuadros, dispuestos todos ellos de una forma prácticamente aleatoria, la variedad de objetos y paisajes representados pretenden resistirse a ser comprendidos bajo el dualismo ontológico y jerárquico de lo “vivo” frente a lo “inerte”. Oyarzún llega así a representar con éxito el concepto de materia vibrante de Bennett que da nombre a la exposición. Entre otras ideas, Bennett recuperaba en su libro la noción de conatus de Spinoza, aquel “impulso activo” o tendencia a persistir de toda cosa. Según la lectura que hacía Bennett de la Ética, todo cuerpo no-humano tiene en común con todo cuerpo humano una misma "condición conativa", a saber, una misma condición de estar atravesados por una fuerza dinámica inmanente, poniendo así en cuestión cualquier antropocéntrica tesis de excepcionalidad humana. Incluso una piedra que cae, diría Spinoza, “se esfuerza, cuanto puede, por seguir moviéndose”.
El artista chileno, uno de los fundadores del grupo ‘El Piano de Ramón Carnicer’ (junto con Iván Godoy y Hernán Meschi), lleva desde los años noventa trabajando en importantes bienales y exposiciones colectivas, entre los cuales destaca Perder la forma humana (2012), una retrospectiva del panorama político-artístico latinoamericano en los años 80, realizada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Ahora bien, mientras que en sus comienzos la obra de Oyarzún se caracterizaba por una paródica figuración de los códigos del contexto político chileno, este estilo iría perdiendo (literalmente) su forma humana para dar paso a un creciente interés por la vitalidad del paisaje y de los objetos naturales. Es esto último lo que comparte con Christian Vinck, partícipe de la 30ª edición de la Bienal de Sao Paulo, también interesado por una expresiva pintura paisajística con un especial énfasis en las extrañas y abstractas formas que en ocasiones toma la naturaleza, por ejemplo, en los surcos de los ríos o en las grietas de los minerales. Aun así, algunas de las piezas de Vinck, como la ya mencionada Pradera (2022) o su serie de Patos del Manzanares (2022), ambos de un tipo de dibujo y formato de viñeta parecido al cómic, no acaban de casar con el interés formal del resto de obras de la exposición, y quedan eclipsadas por la calidad técnica de la brocha de Oyarzún.
Es más, ¿No habrá sido Vinck, en aras de lo cómico con su historia del busto de Goya, demasiado literal al interpretar la “vitalidad” de las piedras de Spinoza y Bennett? Hay, de hecho, un corrosivo Spinoza que en ocasiones cuesta más asumir en el mundo del arte contemporáneo; aquel que dice: “si cayese una piedra desde lo alto sobre la cabeza de alguien, y lo matase, demostrarán que la piedra ha caído para matar a ese hombre”. Como absoluto anti-escolástico, moderno a ultranza, destructor de toda traza del pensamiento teleológico, el filósofo creía que “el principal prejuicio, y base de todos los demás prejuicios” era “asumir por parte de ellos hombres que todas las cosas de la naturaleza actúan por razón a un fin, al igual que ellos mismos”. Puede que, hasta cierto punto, este tipo de “antropocentrismo” sea algo difícil de evitar en la era del Antropoceno. Al fin y al cabo, es verdad que nos encontramos ahora imbricados en términos causales (y de co-rresponsabilidad) con las fuerzas de una naturaleza que antes parecía excedernos (he ahí el efecto invernadero como ejemplo paradigmático del impacto humano en el ecosistema).
![]() |
| GALERÍA LUCÍA MENDOZA. Álvaro Oyarzún, Piedras de Chile (2017). Acrílico sobre papel. |
Pero puede que la pregunta que debieran hacerse los comisarios y artistas que pretendan guiarnos hacia imaginarios de un mundo post-antropocéntrico sea el siguiente: ¿Es realmente necesario antropomorfizar lo no-humano para bajarnos de nuestro trono? En otras palabras, ¿Podríamos comprender un nuevo tipo de agencia o vitalidad de lo no-humano, sin por ello proyectar en ésta vitalidad formas ya existentes de agencia antropomórfica? Por un lado, la exposición cae en los peligros de ver figuras humanas donde no las hay, sea en la vitalidad de las piedras, los patos, o incluso en alienígenas que se cuelan en los cuadros de Oyarzún sin ninguna razón aparente. Pero, por otro, la viva dimensión de su pintura en representaciones de cosas tanto "artificiales" como "naturales" ofrece una interesante y novedosa vía de salida para la construcción de un imaginario vivo no antropocéntrico.
Txomin Lasa
.png)
.png)
.png)
Muy bien, muy interesante. Punto de vista original.
ResponderEliminar