Conceptos a calzador
CONCEPTOS A CALZADOR
Materia vibrante, Álvaro Oyarzún y Christian Vinck
Comisariado de Gabriel Pérez-Barreiro
Galería Lucía Mendoza
c/ Bárbara de Braganza, 10, 28004, Madrid
26.11.2022 - 21.01.2023
Vista general de la exposición Materia Vibrante, 2022. Foto cortesía de la galería.
Puede que la exposición Materia Vibrante, de la galería Lucía Mendoza,
no consiga hacernos vibrar.
El título de la muestra - expuesta desde el 26 de noviembre de 2022 hasta el 21 de enero de 2023 - parece haber sido puesto a calzador. Intentando incorporar una de las teorías más recientes dentro del campo académico de la ecología, la exposición peca de ambiciosa. Aunque los nuevos materialismos son una vertiente que aporta un enfoque interesante para afrontar la actual crisis ecosocial, en los últimos años se ha vuelto algo manida dentro del arte contemporáneo. Especialmente, en aquellos contextos en los que es empleada meramente para atribuir capital académico a la propuesta.
Para esta ocasión, la galería Lucía Mendoza (que se define como una ‘galería sostenible de arte de impacto’ en torno al ecologismo) ha invitado al comisario Gabriel Pérez-Barreiro, especializado en arte latinoamericano. Esto responde al deseo de la galería de ampliar su espacio, no solo en sentido físico sino también respecto al propio contenido del programa de exposiciones. Todo ello para atender a la necesidad de ampliar el foco e incorporar pensamiento de otros países y artistas, que bien pueden aportar otros argumentos y contenidos a esta línea de ‘arte de impacto’. Los seleccionados son Álvaro Oyarzún y Christian Vinck, chileno y venezolano respectivamente, y cuyos trabajos se articulan en torno a la figuración, el paisaje y los ecosistemas.
Christian Vinck. Penco Chile. El Cabrito (Tierras raras), 2022. Óleo sobre lienzo. Cortesía de la galería.
Quizá la galería haya fallado a la hora de escoger al comisario pues, aunque Pérez-Barreiro esté especializado en tendencias latinoamericanas, parte de un contexto occidental. Esto no sería tan relevante de no ser porque el objetivo es ampliar el foco geográfico, y el comisario ha escogido, precisamente, la obra de una autora occidental para vertebrar su concepto. El libro Materia Vibrante de la teórica estadounidense Jane Bennett da nombre a la exposición, y recientemente ha tenido gran repercusión en las tendencias filosóficas y artísticas contemporáneas. Resulta una visión muy sugerente respecto a nuestro modo de relacionarnos con el mundo, que a su vez intenta desplazar la visión antropocéntrica sobre este y reconocer la agencia de los objetos y lo no-humano. Sin embargo, tanto su libro como la corriente general de los nuevos materialismos han sido cuestionadas: cabe preguntarse si los ‘nuevos’ materialismos presentan algo tan nuevo, o realmente sólo es la academia del Norte Global ignorando (intencionadamente o no) los aportes anticipados por los conocimientos indígenas animistas.
No quiere esto decir que el arte o los artistas seleccionados tengan que cumplir con cierta exigencia de ‘la autenticidad’ o ‘lo exótico’, pues sería perpetuar estereotipos sobre el arte latinoamericano, pero igualmente resulta chocante el lugar de enunciación desde el que se idea la muestra. Máxime si se pretende ampliar miradas sobre el problema ecológico.
El comisario de la exposición defiende que la muestra es accesible, y que no hace falta haber leído a la autora para visitarla. Es cierto que la muestra no es complicada de ver, y de hecho ofrece una pintura bastante amable con el espectador, pues no requiere de grandes reflexiones para ser disfrutada.
Este punto es justamente donde el comisario mejor acierta, pues la selección de artistas y obras sí que resulta pertinente. El comisario trabaja a menudo la idea de un arte alejado de la formación hegemónica, más popular. Precisamente, los dos autores de la muestra son autodidactas. Es por esto mismo que no se entiende el ímpetu de intentar encajarlos bajo un concepto académico que lo mismo se podría haber aplicado a esta muestra que a cualquier otra. Habría sido más interesante explorar en la exposición estas provocaciones al arte más académico o elitista (aunque no hemos de olvidar su contexto comercial), o incluso los múltiples puntos de humor que aparecen en la misma.
Ambos artistas, aunque desde una estética ciertamente desenfadada, tratan temas de seriedad como lo es la problemática ecológica actual. Humor como supervivencia frente al colapso.
Christian Vinck, Pradera de San Isidro a Barrio Goya, 2022. Óleo sobre lienzo. Foto cortesía de Álvaro Oliveros.
Es la primera vez que el artista expone en una galería española, y presenta para la ocasión varias obras inéditas. La series Praderas (2022) o Patos del Manzanares (2022) surgen de sus paseos por Madrid. Quizá sea la primera la que aporte un mayor toque humorístico, casi a modo de historieta. La obra Pradera. De San Isidro a Barrio Goya (2022), inspirada justamente por la obra de Goya, crea una sucesión de imágenes en las que se ve como un busto (efectivamente, de Goya) decide levantarse e irse. De modo cómico le nacen dos piernas, haciéndonos reflexionar sobre la agencia de los objetos no-humanos. Sin embargo, esto resulta algo anecdótico en sus obras y no justifica que el título de la muestra cobre tal peso. Además, se estaría hablando de la agencia de los objetos a través de una clara antropomorfización, lo cual resulta contradictorio. Mejor será simplemente dejarnos llevar por ese humor desenfadado.
Los patos de su otra serie, con varias decenas de lienzos de pequeño formato, parecen mirar al espectador humano de modo condescendiente y nos plantean el enigma de no saber qué quieren o hacia dónde van.
Christian Vinck, Patos del Manzanares, 2022. Óleo sobre lienzo, 50 pinturas de 35 x 24 cm.
En la muestra hay una referencia a una canción de Sabina que dice ‘extraño como un pato en el Manzanares’. Foto cortesía de Álvaro Oliveros.
Por su parte, el artista Alvaro Oyarzún (1960) - quien en los 80 perteneció al grupo El Piano de Ramón Carnicer y ha expuesto en el Reina Sofía - ha incluido obras de otras exposiciones en las que explora lo autodidacta, así como otras nuevas ex profeso para la muestra. También se caracteriza por soportes de pequeño formato que conforman un puzzle que puede reorganizar y adaptar al contexto, ya que no entiende las obras de modo aislado o jerárquico. Se trata de imágenes variadas con temáticas que nos resultan familiares, como el Covid, la basura o incluso paisajes sci-fi. Sin embargo, aquí no terminan de encajar todas las piezas: aunque la sala que muestra sus obras anteriores funciona por sí misma, al observarlas en el conjunto de la exposición se pierde la potencia de su eclecticismo, y simplemente terminan por desconcertar o aburrir al espectador que no percibe un hilo conductor claro. Quizá habría sido mejor acotar la muestra y limitar el número de obras ‘recicladas’.
Obras de Álvaro Oyarzún en Materia Vibrante, 2022. Foto cortesía de Álvaro Oliveros.
Obras de Álvaro Oyarzún en Materia Vibrante, 2022. Foto cortesía de Álvaro Oliveros.
Dibujo site-specific realizado por Marlene Azócar y Álvaro Oyarzún. Foto cortesía de Álvaro Oliveros
A veces, el arte contemporáneo peca de erudita solemnidad y no se deja llevar por el contexto. O incluso, llega a denostar el humor o la pintura. ¿Cómo no citar a Sabina junto a Humboldt? Esta difuminación de jerarquías respecto al arte popular es lo que realmente cala de esta muestra, y no tanto la dada respecto a la relación humano / no-humano. La obra de estos artistas resulta refrescante, y el título de la muestra los está sofocando.
Detalle del dibujo site-specific. Se lee: ¿Cuál es la necesidad que el arte exista? Foto cortesía de la galería.
Lucía Batalla Tuero









Creo que te enzarzas en disputas ideológicas absurdas con el título. Si la exposición te gusta y la propuesta de los artistas te atrae y te interesa no sé si debes darle tantas vueltas.Hablas de América Latina como si no formara parte de la cultura occidental. Pero de hecho no solo forma parte de la cultura colonial europea (como la de los Estados Unidos), sino que también está más al Occidente que Europa. Criticar además que el comisario se sirva de una autora norteamericana para articular su exposición no parece más que un prejuicio que al parecer piensa que los norteamericanos no pueden hablar y escribir con conocimiento y con información suficiente sobre América del Sur. Tu propio modo de escribir delata más prejuicios coloniales de los que tú misma denuncias.
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