“Comienza” de Mariela Scafati: la construcción de un paisaje futuro
“Comienza” Mariela Scafati Travesía Cuatro Calle San Mateo, 16, 28004 Madrid. 19 de noviembre de 2022 al 4 de febrero de 2023
“Comienza” de Mariela Scafati: la construcción de paisajes futuros
Un paisaje se nos ofrece hasta el 4 de febrero en la galería Travesía Cuatro con la exposición “Comienza” de Mariela Scafati (1973). La galería propone una exposición individual de la artista argentina que cubre ambas salas de la galería en el barrio de Malasaña. La artista forma parte de colecciones institucionales de relevancia internacional como la NationalGalerie de Berlín; The Solomon R. Guggenheim Museum en Nueva York o el Museo Tamayo de Ciudad de México. Scafati es pintora y serigrafista, además de activista queer. La artista trabaja mayoritariamente en colectivo, siendo partícipe de grupos artísticos como “Serigrafias Queer” o “Cromoactivismo”. En sus obras, intenta generar reinterpretaciones de géneros pictóricos tradicionales como el retrato o el paisaje. Estas revisiones son llevadas a término mediante lienzos, normalmente monocromos, que dispone unos con otros mediante técnicas de nudos, para generar objetos tridimensionales.
Entrando a la primera sala de la galería nos encontramos con una especie de cúpula que llena el espacio de manera íntegra desde el suelo hasta el techo. Creando una falsa bóveda por encima del espectador, se invita a observar la obra tumbada en el suelo, imaginando paisajes. Este escenario está compuesto por lienzos sin marcos, de un amarillo vibrante, atados entre ellos por cuerdas. En un primer momento, pienso que la exposición se centrará en el color como elemento originario y central de la pintura, como muchos otros artistas han expuesto desde los años 70 del siglo XX. Sin embargo, se percibe todo lo contrario, la obra no es el color, sino todo lo demás, lo que se puede pensar a través de él. “Hay mucho pudor con el color, cuando lo resaltás es interpretado como algo frívolo, donde no hay pensamiento. El color puede ser muy ordenado, y para nosotras está conectado a la liberación” explica la artista. En este caso, el color amarillo se presenta como medio para el pensamiento y no como final.
Observando todavía esta primera obra, centro mi atención en las cuerdas que conectan los cuadros entre sí. Esto me remite a la práctica del bondage que ella misma pone en uso en el ámbito privado, según cuenta. Sin embargo, otras interpretaciones son posibles; cuerdas como la construcción de futuros posibles que se pueden pensar de manera colectiva, o tal vez una herramienta que sujeta cuerpos que se encuentran fragmentados, o un objeto que en origen está dañado y que es posible recomponer. Historias, cuerpos, tradiciones y paisajes son capaces de adivinarse en esta instalación tan minimalista como sugerente. Dejando atrás este primer espacio y expectante por lo que puede venir más adelante, pienso: la pintura no ha muerto, la pintura mira hacia el futuro y la encarna Mariela Scafati.
En la segunda sala se disponen tres obras que representan, con la misma técnica anterior de los lienzos y el bondage, tres figuras humanas colgando del techo. Así como la sala anterior producía tranquilidad, mansedad, espacio y tiempo para observar e imaginar; en ésta parece que toda la acción está a punto de explotar, como si se fuera a atender a alguna acción sorprendente que dará comienzo en cualquier momento. No es exactamente desasosiego, pero desde luego la inquietud es un sentimiento mayoritario que se respira en la sala. Estos cuerpos suspendidos, atados y ensimismados, me remiten a un modelo de sociabilidad basado en la individualidad post-capitalista. Los cuerpos no interactúan, pero se encuentran deseosos de compartir y de hacer de manera comunitaria.
La artista se pregunta en el texto de sala, ¿qué puede la pintura? Yo le hago una pregunta de vuelta, ¿qué puede un cuerpo? Algunas retorcidas y sentadas, otras tumbadas como si estuvieran en una camilla de algún doctor, las figuras se sienten con ganas de conversar entre ellas, generar un espacio para el diálogo consigo mismas y con el visitante que las observa. Nos encontramos entonces, frente a una exposición que, aunque no es violenta ni combativa, es política y crítica en su minimalismo y su amabilidad. Las figuras se comunican y nos cuentan sobre nuevos modos de hacer y vivir; lo queer se hace patente en esta exposición, pero no solo. Repensar los vínculos con las personas, la potencialidad que tienen los relatos futuribles para vivir mejor y de manera más colectiva, o replantearnos el lugar de la pintura en el arte actual… todo ello cabe en el imaginario que la artista crea. Saliendo de la exposición, busco el texto de sala en mi teléfono móvil. Me encuentro de sorpresa con un poema de uno de mis escritores actuales favoritos, Mariano Blatt. Leo:
Andrea Martín Castro



Muy bien. Me gusta.
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