Pinchado por un cactus sin espinas
Through Dry Ocean Forests
Claudia Comte
Galería Albarrán Bourdais
Barquillo 13, Madrid, 28004
3 noviembre – 10 diciembre 2022
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| Vista de la exposición. Foto: Galería Albarrán Bourdais |
Hay algo poco serio cuando se entra en la exposición de Claudia Comte en Albarrán Bourdais, sombríamente titulada Through Dry Ocean Forests: todo el espacio de la galería se ha transformado para mostrar una serie de esculturas con formas de dibujos animados.
Ya desde la entrada se obtiene una instantánea de las tres niveles de este antiguo y espacioso taller de Loewe. En la planta baja hay tres grandes hojas macizas de mármol gris pulido; en el sótano aparecen cactus naranjas de madera sacados de un cómic del Salvaje Oeste, mientras que en la entreplanta superior vislumbramos formas de coral verdinegro que podrían estar en la película Buscando a Nemo, de Disney.
Hay una uniformidad en el estilo de estas formas, cactus, corales y hojas, que se han convertido en la firma de esta escultora suiza. Nacida en Grancy en 1983, desde que estudió Bellas Artes en Lausana ha realizado numerosas exposiciones por toda Europa y a escala internacional. Es conocida por sus intervenciones de site specific, ya sean las Five Marble Leaves de este año en las calles de Boston, EEUU, sus premiadas "esculturas" de desnudos en vivo Fruits and Bodies sobre pedestales en el jardín de una casa señorial suiza de 2018, o las grandes letras ardientes "Oui" y "Non" tiradas por barcos en el río Garona en Toulouse, Francia en 2016. Esta es su segunda exposición individual en Madrid, haciéndose eco de la del año pasado After Nature en el Museo Thyssen-Bornemisza, resultado de una residencia en Jamaica investigando los océanos.
Al adentrarnos en la exposición nos convertimos en partícipes de la obra. Nuestros pasos crujen sobre la grava de mármol que contrasta con las hojas lisas esculpidas a máquina. Una hoja, normalmente un objeto tan frágil y fugaz, se ha transformado en un objeto monumental, creado por el hombre, que parece burlarse de la naturaleza a la que supuestamente representa. Y de eso se trata. A pesar del carácter cómico de las formas, la artista está profundamente interesada en la relación del ser humano con la naturaleza y en el efecto de las intervenciones humanas en el tejido de nuestro planeta. Las hojas inorgánicas y hápticas que brotan de un paisaje desecado son un símbolo de las sequías provocadas por el cambio climático.
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Vista de la exposición. Foto: Galería Albarrán Bourdais |
Nuestros sentidos vuelven a quedar atrapados por el olor a madera ligeramente quemada, que viene del piso de abajo, donde la artista ha cogido literalmente un soplete para chamuscar las ramas y astillas de madera que forman un suelo de bosque del que brotan sus cactus secuoya. Hechos con una motosierra, la yuxtaposición de estos cactus de madera lisa, árboles muertos en lugar de suculentas vivas, con su fondo destruido es inquietante. Parecen reírse en la cara de los incendios forestales. Al adentrarnos en las oscuras salas del sótano, casi nos decepciona seguir encontrando estas formas algo molestas.
Cuando nos aventuramos a subir a la planta superior, ya no esperamos sorpresas, aunque la atención que se presta a la instalación permite apreciar el volumen de este espacio, en el que los revestimientos del suelo cobran vida propia al interactuar con ellos bajo los pies. En este nivel, las esculturas de coral están incrustadas en un mar de virutas de arcilla, un material tan seco, quebradizo y polvoriento que parece todo lo contrario del lecho marino. Lo exiguo de la instalación resalta la altura de las paredes de la última sala, sin ventanas, que no es tanto un océano como una pecera en la que nos cuesta respirar. Sorprendentemente, los arrecifes de coral son responsables de producir la mitad del oxígeno de la atmósfera terrestre, un hecho que la artista ha descubierto gracias a sus investigaciones sobre estas criaturas en peligro de extinción.
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| Vista de la exposición. Foto: Galería Albarrán Bourdais |
A medida que el cambio climático asciende en la agenda política, la ecología está cada vez más presente en el arte contemporáneo, con la seriedad que plantean, por ejemplo, los bloques de hielo derretidos de Groenlandia que Olafur Eliasson expuso en el centro de Copenhague como su obra Ice Watch de 2014.
La estrategia de Comte es diferente. Al igual que Claus Oldenburg nos sugiere una critica sobre el consumismo con una hamburguesa fofa, tonta y de gran tamaño, Comte nos alerta de la fragilidad del planeta presentándonos una naturaleza tan antinatural e irritante que no podemos ignorarla. Nos sugiere un mundo en el que las caricaturas e imitaciones inmutables creadas por el hombre pueden ser todo lo que quede de los complejos ecosistemas que tienen sus propios sonidos y olores y estaciones.
Hay algo en lo absurdo de todo ello, en la manera de utilizar el humor y lo ridículo para plantear un tema serio, junto con una inteligente instalación, que lo hace eficaz. Mucho después de haber abandonado la galería, estos cactus sin espinas seguirán aguijoneando la mente.
Sarah Crozier
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Muy bien escrita, Sara. Me gusta. Valoración muy correcta.
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