Ojos Abatidos
Deshollinar los muros [721 dibujos al raso], Bernardí Roig
Galería Max Estrella
Calle de Santo Tomé, nº 6
28004, Madrid
10 nov 2022 - 28 ene 2023
“Primero fue la nariz”, respondía Bernardí Roig a una pregunta sobre su primera experiencia con el arte. Esta experiencia fue, según recuerda el artista mallorquín, olfativa: “mi madre pintaba al óleo los domingos. Ese olor impregnó mis fosas nasales primero, y el cerebro entero después”. Cómo no, como en todo relato de génesis, al mito sobre el pequeño Bernardí no le falta su parte de la caída: “luego vino el ojo”, el órgano al que en alguna otra ocasión ha llamado “la herida más profunda del cuerpo y la más difícil de cicatrizar”. No cabe duda de que una cierta tragedia de la mirada ha determinado la dirección de su trabajo desde los 90, algo que, como demuestra en su última exposición Deshollinar los muros [721 dibujos al raso] en la galería Max Estrella, sigue más presente que nunca en su imaginario. La producción de las obras, todas ellas de este último año, demuestra el trabajo de un artista cómodamente consolidado que vuelve una vez más a sus eternas obsesiones.
Con una reconocida influencia de Juan Muñoz, la obra de Roig hace hincapié en la dimensión inquietante del cuerpo, un interés que comparte con otros de su generación como Lidó Rico o Paolo Grassino. A lo largo de su trayectoria, el artista se ha aventurado con todo tipo de formatos, desde el dibujo hasta el vídeo, pasando por sus características esculturas humanas, para abordar una poética a la que se ha referido como “lenguaje figurativo desviado”: esculturas corporales hiperrealistas atravesadas por lámparas fluorescentes, retratos en tinta de rostros desfigurados, vídeos monocromos de luces y sombras donde se difuminan los límites de la carne… La muestra en Max Estrella da fe de la versatilidad del artista para manejarse en distintos medios, manteniendo siempre una clara coherencia a nivel estilístico.
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| GALERÍA MAX ESTRELLA. Bernardí Roig. Serie Dibujos al Raso, 2022 |
Aun cuando para Roig “los materiales y los soportes van y vienen en función de la necesidad de las ideas”, cabe subrayar que otorga cierta primacía al dibujo en su forma de trabajo por su supuesta capacidad de “capturar el instante”. Así, en una de las obras más interesantes y paradójicas de la exposición (la Serie de dibujos al raso), ese empeño por capturar el instante se corporiza de forma compulsiva en una actividad pictórica de 721 figuras de una misma modelo desnuda. Dividido en tres partes (la “montaña de los admitidos” por un lado, la de los rechazados por otro, y un dibujo enmarcado en el centro de la sala), la instalación se convierte en un ejercicio de reflexión sobre la trágica contingencia del proceso de selección de la obra. Resuena aquí la idea existencialista de que nunca dejamos de ver lo que pudo haber sido, tanto en el arte como en el plano romántico.
El resto de la exposición, con su iluminación y disposición de las obras a ras del suelo, pretende hacer que descansemos la vista del “exceso de realidad” de nuestro presente tecnológico. Sus autorretratos escultóricos de ojos cerrados reafirman la tesis de que “la luz es lo que impide ver” —por supuesto, Roig no es el primero en esgrimir este lema anti-ilustrado. Martin Jay, en su libro Ojos abatidos, ya planteó la lectura del pensamiento francés del siglo pasado en clave de una crítica al ocularcentrismo. Bajo esta perspectiva, la fase del espejo teorizada por Lacan ejemplificaría la desconfianza contemporánea por todo aquello que se nos presenta frente a nuestros ojos de forma transparente e inmediata. Para Lacan, la visión asumiría la función de construir un imaginario ficticio del yo, siempre mediante un proceso oculto de represión de lo Real—. Esa misma incredulidad hacia lo que nos presenta el ojo se materializa en el juego de espejos, reflejos, luces y sombras de la galería.
GALERÍA MAX ESTRELLA., Deshollinar los muros [721 dibujos al raso]
Considerando el psicoanálisis “una épica de la subjetividad que nos convoca como sujetos trágicos”, a Roig le interesa leer sus obras como portadores del retorno psíquico de lo inquietante. En sus palabras, “las imágenes nos muestran aquello que no son capaces de representar”. Y, ciertamente, he ahí el carácter trágico de toda su actividad artística: como si de una necesidad libidinal se tratara, el artista intenta arrojar luz (o, mejor dicho, oscuridad) sobre traumas reprimidos que son visualmente irrepresentables. Por otra parte, Roig ha sido hábil en hilar metáforas visuales entre su tragedia personal y la tragedia clásica. Destacan, sobre todo, sus esculturas en torno a la historia de Diana y Acteón de la Metamorfosis, presentadas anteriormente en la galería, como una vía para abordar el tema de la mirada culpable desde un flanco más fantástico y simbólico.
Sin embargo, lo que probablemente el artista ignora es que la representación de sus modelos femeninas resulta mucho más inquietante que la de sus figuras masculinas. Si bien los autorretratos escultóricos tienen la pretensión de desagradar (con esa tripa cervecera al aire y la bragueta desabrochada del Autorretrato caminando por el techo), lo verdaderamente siniestro es que Roig proyecte en sus modelos femeninas todo lo contrario, a saber, un ideal de perfecta e imposible plenitud. Se repite así el dañino dualismo del hombre artista trágico, desfigurado, incompleto, neurótico… frente a sus modelos, mujeres “espléndidas, que habitan sus cuerpos con una presencia carnal y con alegría de vivir”. Al menos así describía Roig a las modelos con las que trabajó en la videoinstalación de 2019 Todos los icebergs son negros, ocasión en la cual invitó a cinco mujeres para perseguirlas con un dron mientras correteaban desnudas por la tabacalera de Madrid. Según el artista mallorquín, aquellos cuerpos eran “reales” y “estaban habitados plenamente por ellas mismas”. El mismo tufo que se olía en la tabacalera persiste en su Serie de dibujos al raso.
Por esta razón, quizás a Roig no le hubiera venido mal revisar a autoras como Luce Irigaray, quien a través de una lectura feminista del psicoanálisis lacaniano exploró el funcionamiento de la mirada objetivadora masculina. Para Irigaray, “en nuestra cultura, el predominio de la mirada frente al olfato, el gusto, el tacto y el oído ha propiciado el empobrecimiento de las relaciones corpóreas”, idea que resuena directamente con el protagonismo que Roig brinda al olfato como posible vía de escape a sus abatidos ojos (véase, por ejemplo, su Autorretrato como nariz afilada). Sin embargo, imbuirse en dichas lecturas le supondría al artista dejar de tomar refugio en el ideal de sus modelos femeninas y, por si fuera poco, dejar de asociarlas con un Real pre-edípico inalcanzable, con aquel Edén de una infancia plena junto a su madre.
| GALERÍA MAX ESTRELLA. Bernardí Roig. Autorretrato con Nariz Afilada, 2022 |
Puede que cuando uno piense que todo acto artístico es el trabajo sobre un trauma le ocurra como a Roig y se vea sumido en un trágico bucle interminable, en la compulsión de repetición freudiana. En cierto aspecto, el artista mallorquín cae en su propia profecía autocumplida y, lejos de renovarse artísticamente, la muestra recuerda a algo que ya hemos visto antes (pero no en nuestras pesadillas, como a él le gustaría). Uno podría preguntarse legítimamente por qué, si para Roig “primero fue la nariz”, se sigue interesando tanto por el soporte visual (y por su imposibilidad) y no llena el espacio de Max Estrella de nuevos olores y aromas ¿Por qué seguirán reclamando nuestra mirada los que dicen ser incapaces de ver nada? Por paradójico que parezca, mirar muros deshollinados también cansa la vista.
Txomin Lasa
27/12/22
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Me alegro de que hayas hecho hincapié en la diferencia que ejerce Roig entre sus modelos masculinos y sus modelos femeninos. Personalmente, al ver la exposición fue lo que más me llamó la atención - para mal - y me distanció enormemente de la propuesta del artista. Veo que en eso estamos de acuerdo :) Por otra parte no conocía a Luce Irigaray, me apunto la referencia, ya que el psicoanálisis tradicional está repleto de lastres heteropatriarcales que seguimos arrastrando. Me parece no solo interesante sino necesaria una revisión feminista de estas teorías.
ResponderEliminarExcelente reseña, Txomin. Coincido con Andrea. Muy bien.
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