La tenacidad en la pintura. La obra tardía de Gillian Ayres visita la Galería Marlborough.

La tenacidad en la pintura. La obra tardía de Gillian Ayres visita la Galería Marlborough.


‘Gillian Ayres’, Gillian Ayres

Galería Marlborough Madrid

 Calle Orfila, nº 5, 28010, Madrid

24.10.2022 - 04.02.2023

After Midnight, Gillian Ayres, 2000, óleo sobre lienzo, 244 x 213,5 cm. © Galería Marlborough

“Moldes de gelatina, helados, pasteles, remates, líquenes, algas marinas, corales, erizos, conchas, sombreros, cascos emplumados…”


Casi tan ecléctica como esta lista resulta la obra de la británica Gillian Ayres. De este modo tan singular respondía en el 67 a una pregunta que le hacía la Tate acerca de qué le inspiraba como pintora. Como no podía ser menos, su propia vida resulta igual de carismática. 


La Galería Marlborough de Madrid apuesta por el legado de esta peculiar autora, cuya muestra se puede visitar desde el pasado 24 de octubre hasta el 4 de febrero de 2023. Se trata de la primera exposición individual de esta artista en nuestro país, a pesar de ser ya internacionalmente reconocida. Se la pudo atisbar en ARCO 2022, y su obra ya ha visitado otras sedes Marlborough, como es el caso de una exposición en la galería original de Londres hace justamente un año. La sede de España recoge el testigo de esta. 


No es de extrañar pues encontrar una autora de tal calibre en esta galería, precisamente por estar esta asociada a la sede original de Londres (que durante los 50 ya adquirió gran prestigio). 


Gillian Ayres (1930 - 2018) fue una artista plástica reconocida internacionalmente por sus inconfundibles y vibrantes lienzos, rebosantes de colorida háptica y vitalidad. Es celebrada por sus dos exposiciones en la Tate Britain, así como por su presencia en numerosas colecciones y galerías. Se trata de una de las pintoras abstractas referentes del Reino Unido, llegando a recibir condecoraciones y pertenecer a la Royal Academy of Arts. En 1989 también  fue nominada al premio Turner. 


Fue la única mujer que participó en la célebre exposición ‘Situation’ de la R.B.A. Gallery en 1960, con artistas británicos de la generación de posguerra. 


The Situation Group, 1961, por Sylvia Sleigh (su esposo, el crítico Lawrence Alloway, fue quien acuñó el nombre del grupo)

Su existencia fue breve, pues la llegada del Pop Art desplazaría pronto el interés del público. 

© National Portrait Gallery, London


Recogían el testigo del expresionismo abstracto estadounidense, pero sin ser un mero satélite del mismo. Lo que cohesionaba al grupo no era una similitud de estilos, sino la defensa por la abstracción de gran formato. Defendían los valores implícitos que - afirmaban - conlleva el gran lienzo: una conexión mucho más íntima con el medio pictórico. 


Como el resto del grupo, Ayres rehuía de cualquier boceto y pintaba directamente sobre el lienzo. Apesar de ser una de las pocas ‘action painters’ de la exposición, no consideraba a Pollock como una influencia, aunque sí que reconocía su trabajo. Sorprendentemente, entre sus referentes mencionaba más bien a Van Gogh, Gauguin, Cezanne o Monet.

  

La exposición que nos plantea en esta ocasión la galería Marlborough resulta particular. No se trata tanto de esta obra característica de la autora, más relativa al action painting, sino de sus creaciones más tardías. Su trayectoria general resonaba con el informalismo, la abstracción lírica e incluso la pintura matérica (con gruesos impastos que hacían dudar entonces de si la pintura era una alfombra). En sus últimas obras, en cambio, la pintura se va aplanando y las superficies lisas de color hacen un guiño al pop art, resultando mas desenfadadas e iconograficas. 


Vista de la exposición de Gillian Ayres en la galería. © Galería Marlborough


Aunque seguimos ante lienzos relativamente grandes, según se recorre la muestra se aprecia cómo van menguando modestamente. Esto atiende a razones lógicas: en la época de la mayoría de los cuadros mostrados, los 2000, la artista rondaba ya los ochenta años (los últimos los realizaría con 86).  En una entrevista afirmaba que, aunque quisiera, no podría pintar igual que de joven. Entonces entendía la superficie del cuadro como ‘un escenario para actuar’, a menudo subiéndose a escaleras para abarcarlo o esquivando el laberinto de latas y pintura en el suelo. Así pues, aquella pintura tan activa y gestual se sustituyó en su última etapa por una más contenida y plana, aunque igualmente fresca y viva. 


Pinkerton, Gillian Ayres, 2004, óleo sobre lienzo, 214 x 214 cm. La autora ponía los títulos a posteriori, según lo que le inspiraba su atmósfera final. © Galería Marlborough 

En absoluto resulta más aburrida. Un saturado colorido la acompañó durante sus siete décadas de trayectoria y nos permite reconocerla en estas últimas creaciones.  


Solo una de las obras pertenece a su icónica etapa de 1980. Podría servir para contextualizar el origen del resto de obras de la muestra pero, al encontrarse al fondo, puede que no sea la primera que veamos y no entendamos por qué se diferencia del resto. El catálogo de la muestra, con un bello ensayo de Martin Gayford, ha sido reciclado de la exposición previa de Ayres en la sede de Londres. La exposición británica se focalizaba precisamente en esta década de los 80, y no en la de los 2000 como este es el caso. Así pues, aunque Gayford describe toda la trayectoria de la artista, no profundiza tanto en esta última etapa, que sería lo que precisa esta exposición. El motivo de por qué su pintura ha cambiado, la consecuencia lógica de la edad, se entiende solo tras investigar y adentrarse en su trayectoria.   


Dance of the Ludi Magni, Gillian Ayres, 1984, óleo sobre lienzo, 167 x 345 cm. Única obra de los 80. © Galería Marlborough

Todas son obras que la artista realizó en su alejado estudio de Devon. Se retira para huir de la urbe y, quizás, de la esfera del arte.

Allí pinta obsesivamente, a pesar de arriesgar su estabilidad económica tras dejar un puesto como docente. 


Visualmente resulta fácil reconocer dos estilos pictóricos (a parte de la señalada obra de los 80). Por un lado los tempranos 2000, todavía bastante matéricos, con abundancia de tonos rosados y una paleta menos oscura. Por otro, aquellas obras en las que tenía ya casi 90 años, en torno a 2016. La superficie y el color se vuelven planos, el lienzo más pequeño y la iconografía orgánica más abundante. La profusa naturaleza que rodeaba su estudio se inserta en sus cuadros, aunque siempre desde el recuerdo indirecto y jamás como copia in situ. Una difusa frontera entre la figuración y la abstracción que la propia Ayres deja como pregunta abierta.        


Thoughts That Hung The Stars, Gillian Ayres, 2012, óleo sobre lienzo, 35 x 92 cm. © Galería Marlborough

Se echa en falta quizá su obra gráfica sobre papel, de cuyos fondos dispone la galería. Tan solo se muestran un par de dibujos descontextualizados, cuando Ayres los entendía en sí mismos como una expresión de desahogo: dibujaba cuando no podía pintar en invierno, ya que las densas capas de óleo no lograban secarse .


Sin título, Gillian Ayres, 1981, pastel sobre papel, 30,5 x 45,5 cm. En depósito. © Galería Marlborough 


Sin duda la trayectoria de Ayres es de gran pertinencia. Introdujo nuevos modos de abstracción ausentes en Inglaterra, y durante los 60 se negó a definirse (algo valiente en momentos en los que el conceptualismo, el arte pop o el expresionismo parecían batallar). Ayres tampoco reproduce la imagen del genio masculino encerrado en el estudio, sino que luchó por hacerse hueco en tiempos en los que ser pintora no era tan bien visto.  Y continuó tenazmente hasta la vejez.


The Making of the Wild Sky, Gillian Ayres, 2016, óleo sobre lienzo, 153,5 x 183 cm. La artista tenía aquí 86 años. © Galería Marlborough

¿Qué aportan sus últimas obras? Sin duda, no son un recicle trillado de su producción anterior, sino que la artista se actualiza enfrentándose a sus nuevas condiciones de vida. Aunque parezca que ha abandonado los viejos valores del action painting, sigue siendo arriesgada y vivaz (aunque no sea desde el gesto matérico). Se trata pues de una artista en constante renovación y exploración, pero que se mantiene coherente en su producción. Algo difícil de conseguir, sobre todo tras tantas décadas. Aunque lo pictórico pudiera parecer en ocasiones un medio desfasado, su obra sigue siendo pertinente, fresca y viva. La propia Ayres decía en una ocasión, “¿por qué habría de ser la pintura una puñetera penuria?”.   


Quizá deberíamos simplemente escucharla, dejarnos llevar por sus obras para soñar junto a la naturaleza y el pigmento.


Lucía Batalla Tuero

30/12/22



Comentarios

  1. Muy bien. Algunas expresiones incorrectas ("colorida háptica") y algunas erratas: "apesar" y "a parte".

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