‘Como un archivo en un museo de arte contemporáneo’. El psiquiatra Francesc Tosquelles en el Museo Reina Sofía.

 

‘Como un archivo en un museo de arte contemporáneo’

El psiquiatra Francesc Tosquelles en el Museo Reina Sofía.


Francesc Tosquelles. Como una máquina de coser en un campo de trigo

Museo Reina Sofia, Edificio Sabatini, Planta 3

Comisariado: Carles Guerra y Joana Masó

C. de Sta. Isabel, 52, 28012 Madrid

28/09/2022 - 27/03/2022


Cassettes con grabaciones de intervenciones de Francesc Tosquelles con sus pacientes. Vista de la exposición Francesc Tosquelles. Como una máquina de coser en un campo de trigo, 2022.  © Museo Reina Sofía
Cassettes con grabaciones de intervenciones de Francesc Tosquelles con sus pacientes. Vista de la exposición Francesc Tosquelles. Como una máquina de coser en un campo de trigo, 2022.  © Museo Reina Sofía

El encuentro con una muestra documental dentro de un museo de arte contemporáneo puede resultar desconcertante, quizá incluso surrealista. Podría ser este el caso de la exposición Como una máquina de coser en un campo de trigo, sobre la figura de Francesc Tosquelles, que se puede visitar en el Museo Reina Sofía desde septiembre de 2022 hasta el 27 de marzo de 2023. Esta exposición itinerante ya ha visitado el CCCB de Barcelona y Les Abattoirs de Toulouse, y próximamente viajará al American Folk Art Museum de Nueva York. 


Resulta curioso el carácter tan heterogéneo de las instituciones que acogen esta muestra sobre el psiquiatra de Reus. Su figura danza entre centros de cultura contemporánea, museos de arte folk o incluso de arte contemporáneo. Todo ello como esfuerzo por recuperar el legado de un vanguardista psicoanalista catalán, olvidado en España tras su exilio pero con una innovadora labor en Francia. Aunque cada institución ha brindado un prisma diferente desde el que acercarse a la muestra, el caso que aquí nos concierne, el del Museo Reina Sofía, resulta particular. 


Las comisarias de la exposición, Joana Masó y Carles Guerra, parten de un profundo proyecto de investigación que tiene también su reflejo en el libro Tosquelles. Curar las instituciones, y en el extenso catálogo de la muestra. Respecto a la exposición, y aunque sin duda es una propuesta muy rica y un necesario ejercicio de memoria, parece en ocasiones una cierta excusa para ilustrar una tesis. Fácilmente puede cruzar el horizonte de expectativas con las que llega un visitante al Reina Sofia que, sin un interés específico previo o la ayuda de algún programa de mediación, probablemente se sentirá desconcertado y abrumado ante las 15 salas de densa y compleja información.

Si es que no opta, simplemente, por un rápido paseo entre ellas.


Este dislocamiento entre lo que un espectador puede esperar encontrar en las salas de este museo de arte, y lo que finalmente encuentra en esta ocasión, puede resultar casi surrealista: abundan vitrinas con una gran muestra documental, video-entrevistas al propio Tosquelles, y, de modo más puntual, piezas de arte (con cuadros, dibujos y tallas principalmente en relación al Art Brut). 



Man Ray. Homenaje a Lautréamont, 1933. Archivo fotográfico del Museo Reina Sofía. © Man Ray Trust 


La exposición conecta en parte también con el surrealismo. No por nada su título es un guiño a la famosa frase que los surrealistas adoptaron como lema, “bello como el encuentro fortuito de una máquina de coser con un paraguas en una mesa de disección”. Dos obras sobre dicha imagen abren la muestra. Comienza entonces un recorrido cronológico sobre la vida de Tosquelles (Reus,1912-1994), una línea discursiva que refleja en cada sala las etapas de su biografía: su formación en la Cataluña republicana, sus innovadoras experiencias en el frente y un campo de refugiados, y, finalmente, sus aportes al campo de la psiquiatría ya en el exilio. No obstante, sin disponer de un plano como guía, estas salas fácilmente pueden tornarse un laberinto en el que nos perdemos entre la abundante información. 

La idea que prevalece, sin embargo, es la innovadora búsqueda de Tosquelles hacia una psiquiatría más humana. Él mismo sentenciaba que “sólo curando a los hospitales podemos curar a los enfermos”. Su psicoterapia institucional, que partía del psicoanálisis y el marxismo, buscaba abrir los muros de la institución, evitar la segregación y potenciar las redes de cooperación entre los enfermos. Esta última parte supone el grueso artístico de la exposición: durante más de 20 años en el hospital de Saint-Alban, Tosquelles entendió las creaciones de los internos como medio de intercambio con el exterior. 

Francesc Tosquelles en el tejado del edificio de dirección del Hospital Psiquiátrico de Saint-Alban-sur-Limagnole, con un barco de Auguste Forestier, 1947. Fotografía: Romain Vigouroux, Collection famille Ou-Rabah Tosquelles. Reproducción fotográfica: © Roberto Ruiz

En la muestra aparecen creaciones de varios de sus pacientes. Destaca Auguste Forestier, interno cuarenta años tras haber hecho descarrilar un tren. Creaba tallas de madera repetitivamente y a menudo las intercambiaba por algunas monedas o cigarrillos. Dubuffet, el impulsor del Art Brut, se encaprichó de sus obras y llegó a proponerle un pseudo-mecenazgo. Esto contradecía las pretensiones del Art Brut (encontrar un arte ‘no afectado por la cultura’, marginal y espontáneo). Tosquelles se mostraría reticente ante Dubuffet, a quien consideraba un mero ‘esteta’ que fetichizaba estas creaciones. El interés de Tosquelles por la producción artística de los internos residía en su potencial como agente de intercambio, autogestión y socialización, y no como mera reificación de la locura.  

Por esto mismo, quizá no sea pertinente entrar a valorar las obras de sus pacientes a nivel estético - que sin duda exudan efusividad, expresividad y originalidad - sino más bien las interrelaciones a nivel expositivo y curatorial. Las tres salas centrales aciertan al mostrar distintos modos de entender la producción artística desde la marginalidad. Vemos elementos repetidos entre un panel con fotos de la colección de Dubuffet y los originales dispuestos en sala. Especialmente reseñable resulta otra zona con obras de exiliados españoles, que a pesar de no ser pacientes psiquiátricos fueron también coleccionados por su condición marginal. 

En primer término: Bestia de Gévaudan, de Auguste Forestier. Al fondo: Panel con fotos de la colección Art Brut de Dubuffet. Vista de la exposición Francesc Tosquelles. Como una máquina de coser en un campo de trigo, 2022. Archivo fotográfico del Museo Reina Sofía. © Museo Reina Sofía

Podemos contemplar también la producción de intelectuales perseguidos de la Resistencia. Durante las temporadas en que Tosquelles les escondió en su hospital, artes plásticas y poesía resonaban en convivencia con los internos. El display de vitrinas con los poemarios de Éluard o Tzara conversa con las ilustraciones que Vulliamy o Miró realizaron para los mismos.

Tristan Tzara, Joan Miró, Parler seul, París, Maeght, 1948-1950, Fundació Joan Miró, Barcelona © Tristan Tzara, VEGAP, 2021 / © Joan Miró, Successió Miró, 2021 ; Reproducción fotográfica: © Foto Gasull, Fundació Joan Miró


Estos interesantísimos vínculos de Tosquelles con la Resistencia, el comunismo y la vanguardia artístico-intelectual (con teóricos del calibre de Félix Guattari o Frantz Fanon) terminan por dejar una sensación agridulce. Se llega a ellos agotado tras haber visitado tantas salas que, aunque sin duda contextualizan, terminan por hacer perder el interés. Mejor hubiera sido quizá condensar la muestra.

Nusch y Paul Éluard con Lucien Bonnafé. Saint-Alban, invierno 1943-1944. Fotografía de Jacques Matarasso. © Colección privada Pierre Matarasso.

La exposición concluye relatando cómo la psicoterapia institucional acabó siendo desbancada por el auge de los psicofármacos en los 50. 


Hoy día siguen luchando contra el estigma y la hipermedicalización colectivos como LOCUS* y Orgullo Loco. En resonancia con estos, el programa educativo Escuela Perturbable II. Pensar con Tosquelles más allá de la exposición busca activar la muestra trayendo a la actualidad la discusión sobre la psiquiatría (las pocas obras que lo intentan dentro de la propia exposición resultan meramente anecdóticas). No obstante, y aunque su intención es acercarse al público, se trata de un grupo de trabajo cerrado. Habrá que esperar hasta febrero para ver si sus siguientes actividades abiertas realmente consiguen acercar al visitante a la exposición, o llega tan sólo a quien ya tuviera un interés previo.  

¿Qué papel juega la exposición en esta institución? Sin duda, los aportes de Tosquelles casan con las nuevas y necesarias búsquedas actuales del museo: los cuidados, el pensamiento decolonial o el debate en torno a la salud mental tras la pandemia. Su formato surge también bajo el giro archivístico y los nuevos modos de entender y gestionar un museo de arte contemporáneo. 

Lo que no termina de encajar es la aparente dejadez del museo, al no contar con visitas guiadas o adecuados recursos de mediación, en los que sí que invirtieron otras instituciones. En el Reina Sofia, en cambio, incluso las propias vigilantes de sala se sorprendían de que los visitantes no fueran psiquiatras. Así, la exposición parece fallar en su objetivo inicial, dar a conocer la figura y legado de Tosquelles. 

Una ambiciosa exposición que, sin cuidar al público, fácilmente se convierte en un encuentro fortuito con una tesis.

Lucía Batalla Tuero

27/12/22

 






Comentarios

  1. Veo que la exposición se te hizo demasiado larga. Te quejas de que no presenta contenidos propiamente "artísticos". Sin embargo parece que te olvidas de la tesis fundamental de Tosquelles, de servirse del arte como vía de emancipación y de curación para los pacientes.

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