El Art Pop Brut de Iván Forcadell.

 

10542

Galería Badr el Jundi

Calle Barquillo, 43

28004 Madrid

3 de noviembre – 5 de diciembre de 2022

 


El pasado 3 de noviembre la galería Badr el Jundi abrió un nuevo espacio en Madrid en el antiguo espacio de la Galería Sen, en la calle Barquillo. Lo haría con la exposición 10542, que consistía en una muestra del arte de Iván Forcadell, un artista catalán que se está dando a conocer en el panorama del arte español.

 

Ivan Forcadell junto a su obra Me, 1, 2022

    En origen, la galería con sede en Marbella quería promocionar el arte de artistas procedentes de distintos lugares alrededor del mundo, como África o Asia, todo ello para establecer un dialogo con las producciones nacionales y el mercado local. En este caso, la apuesta por un artista español es un cambio de ruta dentro de su declaración de intenciones.

    Iván Forcadell procede de un pequeño pueblo al sur de Cataluña, donde tiene su estudio y de donde recibe toda la inspiración que luego pudo verse, con mayor o menor atino, en este encargo que compondría lo que acabaría por ser la exposición inaugural de la galería. Dicho encargo, consistió en una serie de autorretratos que el artista iría completando a medida que avanzaba el año 2022, por lo que las variaciones en forma y contenido no son muy dispares entre sí, ninguna obra resalta por encima de otra a excepción de una muestra final compuesta por cerámicas.

Muestra de la galería de autorretratos, en el centro Mi como un condor helado, 2022

    Lo kitsch predomina en toda la muestra, un factor que el artista no se avergüenza de reconocer pues él mismo ha tratado de definir su propio arte en distintas ocasiones. Por tanto, términos como Art Pop Brut le han servido a Forcadell para delimitar y facilitar un primer vistazo a su obra, algo que resulta contradictorio ya que siempre se ha definido como autodidacta y reacio al mundo de la academia o la historiografía. Sin embargo, no puede tratar de esconder su fascinación por la historia del arte y algunos de los artistas más icónicos del arte contemporáneo, véase Picasso o Miró, con los que habrá tenido un primer contacto gracias a internet, su otra principal fuente de inspiración además de lo folclórico y rural. Por tanto, lo Pop le viene dado por la sobreexposición a la cultura popular que caracteriza a su generación, la millennial, y por otra parte, lo Brut lo hereda de esa huida de todo academicismo, norma o lenguaje predefinido que ya marcaría el arte de algunos de sus referentes como Dubuffet.

¿Seré yo un payaso?, 2022

    En cuanto a la exposición como tal, ciertos aspectos como la ironía o la comedia son bastante definitorios. Los principales ejemplos los encontramos en los títulos, como el propio que da nombre a la exposición, 10542, una referencia a los días que había cumplido el artista en el momento de la inauguración de la muestra. Lo irónico también resuena en el nombre de las obras, tan variopintos como: Esperando a los de telefónica, En EEUU perdido pero feliz o Yo como una gamba el 3 de agosto, este último con unas formas anaranjadas que parecen intuir los bigotes de una gamba, de ahí la ironía. Por otra parte, el ya mencionado aspecto kitsch resuena en las obras que dan fin a la exposición en la parte inferior abovedada de la galería, un lugar donde encontraremos una pequeña muestra de cerámicas esmaltadas realizadas por el artista en colaboración con un alfarero profesional. Aquí, las piezas están llenas de color y motivos de la cultura popular, incluso algunas figuras parecen hacer referencia a los ya trillados Pokémons.

 

Una muestra de sus cerámicas, todas de 2021

    Un último aspecto destacable es el atractivo visual de muchas de las obras expuestas, que antes que por su forma o contenido llaman la atención por su técnica mixta, compuesta por bordados impredecibles a lo largo de los lienzos o la inclusión de piezas de cerámica que crean un relieve que solo es apreciable dentro del espacio físico de la galería.

    Sin embargo, a rasgos generales, la exposición carece de un concepto de peso que inste al visitante a una segunda vuelta o visita, o como mínimo, que provoque un mayor detenimiento frente a las obras, muchas de ellas algo vacías más allá de su superficie. En un primer vistazo, la premisa de la exposición que será la del proceso autorreflexivo por el que pasó el artista al hacer las obras se queda corta, y por momentos cuesta creer que ese tiburón, brujo o fantasma presentes en los lienzos sea el mismo Forcadell que en un ejercicio de cita a Cindy Sherman, estará creando unos nuevos roles con los que autoidentificarse. Puede que la exposición no buscase más que revelar la práctica de un artista que cuanto menos, es llamativo, pero quizá una excusa o razón de más habría terminado de dar un gran pistoletazo de salida a un novísimo espacio de una galería con unas ambiciones muy marcadas y que ahora ocupará un hueco dentro de uno de los principales focos artísticos de la capital.


Francisco Villalobos Daza


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