Triptico cientifico
Comisario: Leonor Serrano Rivas
Museo Reina Sofía.
Edificio Sabatini: Espacio 1, Sala de Bóvedas y Sala de Protocolo
21 de septiembre de 2022 - 27 de febrero de 2023
Se dice que cuando los hermanos Lumière proyectaron por primera vez La llegada de un tren a la estación de La Ciotat en 1896, el público entró en un estado de pánico, asustado por esta máquina que parecía embestirles. Esta afirmación es falsa. La gente se asustó, pero nada más. Quizás porque ya eran adultos, quizás porque ya conocían el truco. Quizás es por eso que, a día de hoy, con un público acostumbrado a tantos trucos, Leonor Serrano Rivas no consiga hacernos tocar la “Magia Natural” expuesta en su primera exposición individual en el museo de la Reina Sofia.
La exposición, presentada en el programa Fisuras, es una buena oportunidad para que la artista malagueña, nacida en 1968, enseñe su doble legado estético generado por sus estudios de Bellas Artes en la Goldsmiths University de Londres y de arquitectura en la Universidad Europea de Madrid. En efecto, el programa permite a la artista utilizar algunos espacios del museo como lo desea, siendo la única regla que las obras deben ser originales.
La artista tuvo la oportunidad de utilizar tres salas del museo en la parte antigua del edificio: el pequeño Espacio Uno, el sótano de la sala Bóvedas y la bonita sala de madera que es la sala Protocolo (Sabatini, no Nouvel) con sus escaleras de caracol. La artista logra fusionar su obra con los espacios de manera reflexionada y estética utilizando sus características arquitectónicas, sin embargo, le cuesta transmitir al público el estado de asombro que pretende hacerles alcanzar.
El título de la exposición, Magia Natural, deriva del concepto de Magis Naturalis desarrollado por Giambattista Della Porta en el siglo XVI, dónde recopila todos los fenómenos y creencias fantásticas de su época para explicarlos. Aquí, Leonor Rivas quiere volver a conectar con el público de aquel siglo, que aún podía maravillarse con los primeros descubrimientos científicos. Un siglo en el que la filosofía, la ciencia y la magia se entrelazaron para ofrecer una nueva visión del mundo. La exposición presenta tres de estos descubrimientos en cada una de las salas: la cámara oscura, la linterna mágica y la caja de música. A pesar de las explicaciones, más bien breves, a lo largo de la exposición, es difícil encontrar cada una de las máquinas a través de las instalaciones que combinan proyecciones, escultura, artesanía e interacción con el público.
Fotografía del Espacio Uno (edificio Sabatini), primera sala de la exposición.
Archivo fotográfico del Museo Reina Sofía.
Sin embargo, la exposición comienza con mucha fuerza en un silencioso Espacio Uno que nos adentra en una sala en la que se proyecta otra obra suya: El Sol está contando las rotaciones de la tierra. Enmarcada por placas de aluminio que reflejan las imágenes poéticas y celestiales, este cortometraje de 10 minutos con su música hechizante nos hace querer seguir explorando este mundo propuesto por la artista. Encontramos la caja de la cámara oscura en la que estamos embarcados, aunque esto sólo se revela en el texto de la segunda sala.
Fotografía de la sala de Bóvedas (edificio Sabatini), segunda sala de la exposición.
Archivo fotográfico del Museo Reina Sofía.
La segunda sala de la exposición, la Sala de Bóvedas, es un espacio poco conocido por el público que resulta encantador, después de aventurarse tan abajo en el museo. El uso del espacio impresiona, uno se descubre a sí mismo con la cabeza hacia atrás para mirar formas extrañas proyectadas en una pantalla y disfruta colándose en la segunda sala donde descubre, con quizás un poco de decepción, el origen de la proyección. Es una pena que no se haya podido entender la magia de su obra audiovisual Oír Formas por la falta de claridad de la proyección y la explicación demasiado resumida del fenómeno de las placas de Chladni, desconocido en mi humilde opinión, por la gran mayoría del público.
Fotografía de la sala de Protocolo (edificio Sabatini), última sala de la exposición.
Archivo fotográfico del Museo Reina Sofía.
Los visitantes más aventureros conseguirán encontrar la última sala de la exposición que cierra este recorrido, con dudas acerca de la comprensión de la obra. Si el objeto de la caja de música es fácil de adivinar, el vínculo con el resto de la exposición lo es menos. Según la artista, cada sala comparte un elemento común, la exposición se vuelve un tríptico que el público puede vincular. Las placas de Chladni proyectadas en la sala de Bóvedas, se encontraban igualmente en el vídeo del Espacio Uno. Rivas explica cómo apoya su arte sobre la participación del público que completa la obra al tocar, entrar y ver. Desafortunadamente, la similitud, afirmada por el texto explicativo, entre la música del vídeo del Espacio Uno y la música tocada por las cajas de música de la sala de Protocolo es imposible vislumbrar. Más allá, la hermosa sala con paneles de madera está realzada por una magnífica alfombra de Jacquard que representa la banda sonora de las cajas de música que acabamos de escuchar. Es posible acercarse y caminar sobre el tejido musical o contemplarlo en su conjunto subiendo la escalera de caracol. Sin embargo, sigue siendo difícil proyectarse en la magia a la que aspira el artista y que uno creía alcanzar en la primera y segunda sala.
El conjunto de la exposición resulta muy agradable de descubrir, la presentación de los espacios es encantadora y hay un cierto carácter lúdico en la búsqueda de las salas. Desgraciadamente, cada obra intenta evocar un gran número de referencias y matices que el gran público pasa por alto debido a las pocas explicaciones dadas durante la visita y, por tanto, se pierde una gran parte de la exposición.
Emma Bloch-Mazier
Me gusta tu reseña, Emma, y coincido con tu punto de vista. Aunque no creo que sea la falta de explicaciones lo que hace de esta exposición algo confuso para el espectador. Tal vez la propia exposición es excesivamente ambiciosa y al final solamente resulta un poco confusa. El vídeo que se proyecta en el Espacio Uno es sin embargo muy interesante.
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